¿ FUERON LOS ANCIANOS
ELEGIDOS POR EL VOTO DE LAS IGLESIAS ?
–Notas
sobre Hebreos 14:23
–
W. Kelly
Aprovecho esta ocasión para proporcionar pruebas claras y concluyentes en contra de la noción de que los ancianos eran elegidos por el voto de las iglesias.
Significado etimológico de cheirotoneo
La palabra griega ceirotonevw, que aparece en Hechos 14:23, si se la considera etimológicamente, significa «extender la mano»; por ello se aplicaba a la elección —como decimos nosotros— a mano alzada, y, en general, a la elección o designación sin referencia a la forma en que se hacía. Asimismo,
yhfivzomai denota en principio un mero recuento con piedrecitas, y fue de esta manera utilizada para las votaciones; más tarde para votación en general y, por último, para la simple resolución o decisión de la mente.
Su significado en los clásicos
Es el contexto —no la palabra en sí misma— lo que determina cómo se ha de entender. Hesiquio explica
ceirotonei'n mediante
kaqista'/n (compárese Tito 1:5),
yhfivzein; como Suidas
ceirotonhvsante", mediante
ejklexavmenoi. Con todo esto concuerda el uso hecho por Aristófanes, como así también el de Esquines, Demóstenes, etc., tanto en el sentido estricto y literal como en el sentido general de elección o designación. Apiano, Dio Casio, Plutarco, Luciano y Libanio ofrecen muchos ejemplos en los cuales la palabra no transmite otra idea que la de elegir. En estos escritores, pues, la idea de sufragio popular con o sin las manos alzadas, está totalmente excluida.
Autores clásicos familiarizados con el Antiguo Testamento
Pero es menester presentar unos cuantos ejemplos de escritores helenísticos familiarizados con el Antiguo Testamento, y contemporáneos de los que fueron inspirados para escribir el Nuevo Testamento. Así pues, Filón
(peri; jIwsh;f = sobre José) emplea repetidas veces
ceirotonevw para la designación de José como primer ministro por parte de Faraón, y de Moisés a fin de que desempeñase la función para la que había sido elegido por Dios, y de nuevo en la selección que él hizo de los hijos de Aarón para el sacerdocio. Así también, Josefo (Ant. VI. 13.9) habla de Saúl como rey elegido por Dios,
uJpo; tou' Qeou' keceirotonhmevnon Basileva, y también (Ant. XIII. 2.2) representa a Alejandro escribiendo a Jonatán en estos términos:
ceirotonou'men dev se shvmeron ajrciereva tw'n
jIoudaivwn.: «Te constituimos este día sumo pontífice de los judíos».
Esto bastará para demostrar cómo debemos juzgar la declaración del Dr. J. Owen (Works, vol. XV, págs. 495, 496, edición de Goold) de que «se dice que Pablo y Bernabé ordenaron ancianos en las iglesias mediante la elección y sufragio de ellos; pues la palabra aquí utilizada no admite otro sentido, por más ambiguamente que esté expresada en nuestra traducción». Es cierto que Beza, Diodati, Martin y otros han adoptado la misma idea. No obstante, el Dr. G. Campbell, aunque presbiteriano, repudió esta versión del texto y (en su Prelim. Diss. X, Parte V párrafo 7) pronunció que «per suffragia» en el latín de Beza «constituye una mera interpolación que tiene por objeto responder a un propósito particular». Si no se está de acuerdo con tan enérgica censura, la única alternativa es que la glosa surgió de una investigación inadecuada y de un fuerte prejuicio.
Su significado en el Nuevo Testamento
La verdad es que no hace falta ir más allá del Nuevo Testamento para demostrar el error; porque aquí —como en todas partes— aun cuando se aplica a la más rígida de las elecciones, ceirotonevw nunca significa elegir por los votos de otros, que es lo que debería significar para sostener el pretendido sentido. Siempre que la palabra aparece técnicamente, la persona asociada no toma meramente los votos de otros ni preside como moderadora de la elección, sino que es ella misma la votante. Ahora bien, en este caso, el sujeto en cuestión es, sin lugar a dudas, no los discípulos, sino Pablo y Bernabé. Si alguien votó alzando las manos, fueron solamente los apóstoles. Por esta razón la Versión Autorizada (en inglés) abandonó —y con razón— la glosa «por elección»: el sentido que se había querido dar en algunas de las traducciones inglesas antiguas y extranjeras que habían sido demasiado influidas por la escuela ginebrina e incluso por Erasmo.
El verdadero sentido de la expresión es que los apóstoles eligieron ancianos para los discípulos en cada asamblea (y no los discípulos para sí mismos). Y esto se halla plenamente confirmado por Hechos 10:41 y 2 Corintios 8:19, donde se dice, en el primero de los pasajes, que Dios había elegido de antemano, y en el otro, que las iglesias son las electoras tan precisamente como aquí los apóstoles. Ni Dios ni las asambleas reunieron los votos de otros; y mucho menos lo hicieron Pablo y Bernabé. Pero éste es el único testimonio que jamás se haya podido imaginar para favorecer directamente la elección popular de los ancianos; y hemos visto que la inferencia que se deriva es ciertamente ficticia. Para el asunto que tratamos, el empleo de la palabra en los asuntos políticos o civiles de Grecia no constituye ninguna evidencia.
Ninguna confusión con la imposición de manos
Quizás apenas sea necesario añadir que ceirotonevw no significa la imposición de manos, para lo cual la Escritura proporciona otra frase que nunca se confunde con la palabra en cuestión. Pero esta confusión no tardó en evidenciarse en autores eclesiásticos, quienes frecuentemente emplean
ceirotoniva (elección, designación) donde deberíamos esperar
ceiroqesiva o hJ ejpivqesiv" tw'n ceirw'n (la imposición de las manos). Este error aparece en los llamados Cánones de los apóstoles, en Crisóstomo y en escritores posteriores; y puede haber llevado a los traductores de la Versión Autorizada inglesa a que vertieran «ordenar», en lugar de «elegir» o «designar». El obispo Bilson, en su «Perpetual Government of Christ's Church» («Gobierno perpetuo de la Iglesia de Cristo»), es culpable no sólo de esta confusión sino del extraño error de que los ancianos incluían a los «diáconos» (véanse los capítulos 7 y 10).
Interpretaciones erróneas del cargo de anciano
Pero en realidad la discordia de los comentaristas raya casi en lo increíble, a no ser que uno haya leído extensamente y haya demostrado el hecho por la experiencia. Así, Hammond trata de extraer de este versículo la designación de un único obispo para cada iglesia o ciudad; en tanto que uno podría haber inferido (sin apelar a esa incontestable prueba en contra de Hechos 20:17, 28) que la pluralidad de los presbíteros con el distributivo singular estaba tan en contra de su postura como el lenguaje pudiera alegarlo, salvo por una expresa contradicción. Si la idea de Hammond hubiera sido la que se expresara allá, nada hubiera sido más fácil que escribir
presbuvteron katj ejkklhsivan o presbutevrou" katj
ejkklhsiva". Por otro lado, si puedo confiar en un artículo de Elsley, Whitby se opone a este ultraepiscopalismo con el argumento igualmente insostenible de que estos ancianos eran los que tenían dones milagrosos, recibidos o bien directamente de Dios (como en Hechos 2, 4, 9, 10, 11) o merced a la mediación apostólica (como en Hechos 8), y quienes tomaron al principio el cuidado de las iglesias; no ministros fijos, sino apenas inferiores en rango a los apóstoles. ¿Puede concebirse una declaración más fortuita e infundada?
El último especímen de toda esta especulación —y quizás el peor— lo tomo de «Institución» IV III, 15, 16, de Calvino, donde, según el autor, «Lucas relata que Bernabé y Pablo ordenaron ancianos por las iglesias; pero, al mismo tiempo, señala el plan o modo de tal acción cuando dice que fue hecho por sufragio. Las palabras son:
c. pr. k. ejkkl. (Hechos 14:23). Ellos, por tanto, seleccionaron (creabant) a dos; pero todo el cuerpo, como era la costumbre de los griegos en las elecciones, declaraba a mano alzada a cuál de los dos querían tener». Pocas veces me ha tocado encontrarme con una perversión más diáfana de los hechos y del lenguaje de la Inspiración que la que exhibe esta cita, cuya refutación ya se ha dado por anticipado. Se cita la nueva traducción hecha por H. Beveridge a fin de eliminar las cábalas acerca de este punto; y se da el original al pie de la página para su verifícación. Con todo, es consolador hallar que una versión tan errónea no estaba destinada a tener una vida prolongada; pues su propio autor la extingue —aunque con cierta renuencia— en su comentario sobre el pasaje: — «Presbyterium qui hic collectivum nomen esse putant, pro collegio presbyterorum positum, recte sentiunt meo judicio.» (Comment. in loc.)
Pero el final del capítulo se halla todavía más lleno de perplejidades y errores: «Por último, debe observarse que no se trataba de todo el pueblo, sino sólo de los pastores que impusieron las manos sobre los ministros, aunque es incierto si eran o no varios los que siempre impusieran las manos. Es cierto que en el caso de los diáconos fue hecho por Pablo y Bernabé, y por otros pocos (Hechos 6:6; 13:3). Pero en otro lugar Pablo menciona que él mismo, sin nadie más, impuso las manos sobre Timoteo: "Por lo cual te aconsejo que avives el fuego del don de Dios que está en ti por la imposición de mis manos" (2.ª Timoteo 1:6). Pues lo que se dice en la epístola acerca de la imposición de las manos del presbiterio yo no lo entiendo como si Pablo estuviera hablando del colegio de ancianos. Por la expresión entiendo la ordenación misma (!), como si él hubiera dicho: «Actúa así, para que el don que recibiste por la imposición de mis manos, cuando te hice presbítero (!) no resulte en vano.»
Que las manos apostólicas designaron a los siete que fueron elegidos por la multitud para el servicio de las mesas, está claro. Pero las Escrituras mantienen silencio en cuanto a si se practicaba la imposición de manos en el establecimiento de ancianos; y, para mí, tal silencio me parece admirablemente sabio, incluso si de hecho se imponían las manos como provisión divina en contra de un abuso supersticioso. Pero, ¿qué se quiere decir con la referencia a Hechos 13:3, relacionada con la alegación de que Pablo y Bernabé, etc., impusieron sus manos sobre diáconos? En cuanto a la noción de que
tou' presbuterivou (del presbiterio) (1 Timoteo 4:14) significa, no los ancianos como cuerpo, sino la condición de anciano, y que por ello se tiene que dislocar en su sentido de su evidente y necesaria conexión con
ceirw'n (manos) al final del versículo y ponerlo en aposición con
carivsmato" (don) al principio, mantengo que la gramática no es más dura y sin precedentes que extraña la doctrina resultante de ello. La condición de anciano, en la Escritura, no es un don sino un cargo local.
Las defensas modernas de este sistema no tienen más peso que las antiguas. Tengo ante mí ahora «Presbyterianism Defended» («Defensa del Presbiterianismo»), de Crawford, y las «Investigaciones» de Whitherow; pero no me parecen ni cándidas ni satisfactorias. La dificultad insuperable es que los presbíteros en la Escritura no son nunca el poder ordenante, aun cuando pudieran ir asociados con un apóstol en la comunicación, por manos de Pablo, de un don extraordinario a Timoteo, quien nunca es presentado como un anciano. Además, el ministro es tan diferente de los ancianos en el Presbiterianismo como lo es de los diáconos en el Congregacionalisino, y es un personaje de tanta importancia en ambos sistemas como desconocido para las Escrituras. Insisto, decir que los ancianos no son tan distintivamente laicos como clerical es el ministro, entre los presbiterianos, es una incoherencia con la notoria diferencia en cuanto al tratamiento que se le aplica y al salario. Ambos sistemas yerran al mantener que los detentadores del cargo eran elegidos por el pueblo; pues solamente lo eran aquellos cuyo deber era administrar fondos o su equivalente. Y si bien había en la época bíblica una pluralidad de ancianos (los cuales eran idénticos a los obispos), existía la apertura más plena a todos los dones del Señor, en lugar de esta invención del hombre: el ministro. Los ancianos nunca ordenaban a los ancianos, sino solamente lo hacían los apóstoles o sus delegados (Hechos 14:23; Tito 1:5); y los hombres dotados de dones no precisaban de ordenación antes de ejercer su ministerio. Tampoco Hechos 15 se asemeja a un tribunal eclesiástico, es decir, a una asamblea representativa de ministros y ancianos de todas las partes de la esfera de jurisdicción. Este pasaje nos muestra simplemente a los apóstoles con una autoridad universal derivada de Cristo, y a los ancianos de la iglesia en Jerusalén con toda la iglesia uniéndose en la decisión. Por ello, los decretos se entregaron para ser observados mucho más allá de las ciudades de Jerusalén y Antioquía, en total desacuerdo con el Presbiterianismo.
Traducido del inglés por Flavio
H. Arrué.
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