PREFACIO


Soy consciente de la controversia existente entre los hijos de Dios acerca de la cuestión del bautismo, y es por ello que los escritos acerca del tema que nos ocupa han quedado en buena parte retenidos o no editados, por largos años por sus autores, con el fin de evitar disputas amargas.

A medida que han ido pasando los años, el retener estos escritos o velar estas enseñanzas por amor de los hermanos, lo único que ha conseguido es que muchos han olvidado una parte esencial de la verdad de la Escritura optando por la indiferencia, sufriendo así todos una pérdida de bendición.

Se que hay un gran vacío de enseñanza en cuanto al bautismo, propiciado por esa indiferencia y sostenido por la decadencia y superficialidad doctrinal que caracteriza nuestros días.

Es la visión de esa decadencia de la enseñanza cristiana, el amor a los hermanos y a la Palabra de Dios, que me han impelido a presentar este escrito, pero por encima de todo el amor de nuestro Maestro, a quien esperamos de los cielos.


Se me hace necesario también citar a J.L.Willis, S.M.Angel y C.Hodge, todos ellos ya con nuestro bendito Señor. Sus escritos han sido la base de este estudio, e incluso la estructura central del mismo está compuesta de sus mismos escritos.


Estas humildes páginas contienen lo que creo es la Verdad de Dios. Quiero presentarlo a la conciencia de los santos y a las almas que aman la Palabra de Dios y desean conocerla en profundidad.







Capítulo primero —————————————— INTRODUCCIÓN



INTRODUCCIÓN

Será bueno recordar que ésta es una época de confusión y de dificultad, y por ello, que aquellas cosas que al principio eran claramente comprendidas no se captan ahora tan fácilmente, sino que a menudo es necesario el abandono de pensamientos largamente abrigados que han sido inculcados en la mente quizá desde la infancia.

Además de esto, hay siempre una tendencia a ir a los extremos, y muchos, al descubrir que lo que habían recibido y sustentado era erróneo, y que los hombres habían pervertido la palabra que Dios había dado, pasan a un extremo opuesto, y abandonan lo que es correcto en sí mismo, porque está conectado con los sistemas humanos y sus errores. Creo que ésta es la causa de la dificultad que muchos sienten tocante al bautismo.

La única vía segura es acudir a las Escrituras sin intentar mantener nuestras preferencias, o aquello que hayamos estado defendiendo, quizá de manera muy tenaz.


Lo que queremos proponer no es una simple ojeada y análisis de versículos independientes unos de otros y de sus respectivos contextos. El mismo Agustín de Hipona ya nos hablaba de cómo acceder a la Palabra de Dios, de manera que nuestras ideas preconcebidas quedasen lo más atenuadas posible, y así no influyeran tanto en nuestra visión de tal o cual pasaje. Tanto Agustín como Darby tenían muy claro que la Escritura no se puede estudiar, y muchísimo menos extraer doctrina, a partir de versículos o pasajes aislados, sin conocer el mensaje global de ella. Es decir, no podemos construir un sistema de conexiones entre versículos o pasajes sin tener en cuenta el plan general de Dios en la Biblia.

Los versículos aislados nos hablan de verdades, promesas e instrucciones de Dios pero no nos ofrecen un plano general de Su mente y designios. Es verdad que oímos decir a menudo que un texto no debe sacarse de su contexto, y estoy de acuerdo, sólo que creo que no vamos suficientemente lejos; contemplar un versículo en dependencia del pasaje que lo enmarca es lo correcto, pero no lo definitivo. Es más, no se debe interpretar un versículo, después el pasaje al que corresponde, y éste a la sección superior, la sección al libro o carta, el libro a su encuadre histórico o dispensacional, y a todo este proceso llamarlo sistema de doctrina. El problema que esto nos presenta es que partimos de información reducida, y en base a esta información empezamos a construir, pero perdiendo algo a cada paso que damos, de manera que al final obtenemos un sistema doctrinal con muchas lagunas.

En cambio, si contemplamos la perspectiva general de la Escritura podremos irnos acercando dando pasos seguros. Por ejemplo, si observamos el plano de una población antes de adentrarnos en ella, cuando nos encontremos en tal o cual calle, sabremos a qué calles es adyacente y dónde conectar con las avenidas principales, o sea, no estaremos desorientados.

En este estudio veremos versículos, pero no de manera simplista y sin conexiones, veremos el trato de Dios con el hombre, con Israel, la Iglesia, veremos la importancia del bautismo en el reino de Dios y sus consecuencias prácticas.


El Origen del bautismo

Una de las tantas ignorantes explicaciones que ha llegado a mis oídos sobre el bautismo es que no se conoce bien su origen; que los paganos ya bautizaban antes de Juan y que éste simplemente adaptó esa costumbre, siendo heredada para los cristianos.

Veamos brevemente algunas notas sobre su origen:

Tertuliano, comenta acerca de que el «Espíritu de Dios se movía sobre la faz de las aguas» (Gn 1:2), considerando esto como «baptismi figura», una figura del bautismo, en la que las aguas del caos serían bautizadas.
También vemos el Diluvio de Noé como un bautismo, que además corresponde al bautismo Cristiano (1 P 3:20-21).
La Circuncisión de Abraham es considerada por la Escritura equivalente al bautismo, y símbolo, al igual que éste, de la muerte de Cristo (Col 2:11-12).
Tenemos el bautismo de Moisés cuando pasó a través del Mar Rojo y después en la Nube (1 Co 10:2).
Pero de manera determinante y clara, tenemos los bautismos prescritos por la ley de Moisés, por cuanto entre los judíos toda persona o cosa impura era lavada con agua (Lv 6, 8, 11, 13, 14, 15, 16, 17, 22, Nm 8, 19 y otros):

En Hebreos 9:10 y Marcos 7:3-4 la Escritura muestra que los judíos practicaban diversos lavamientos (abluciones, purificaciones o bautismos). Estos bautismos eran aplicados a partir de la Ley Mosaica (véase por ejemplo Nm 19:8 y 18). Y no es menos cierto que los escritores sagrados llaman a todos estos modos de purificación «
*4"N`D@4H $"BJ4F:@ÃH (diversos bautismos)» (He 9:10).

Bautizaban todo tipo de utensilios, las casas, muebles y camas; asimismo se bautizaban las manos, sus propios cuerpos y sus vestidos. Y hay que decir, por cierto, que el modo de bautizar era por rociamiento y aspersión, y quizás, sólo quizás, por inmersión. Esto último no es seguro.

Aquí sí tenemos el origen del bautismo como tal: en la misma Palabra de Dios.


LA NATURALEZA DEL BAUTISMO DE JUAN

A menudo se ha dicho que el bautismo de Juan era un bautismo Cristiano, y que fue el recibido por nuestro Señor. Esto, más que un mero error, lo que denota es una profunda falta de conocimiento de las Escrituras.

No será posible realizar aquí una exposición sobre el plan dispensacional de Dios y de las diferentes manifestaciones del gobierno de Dios, así como el devenir de la historia sagrada, que nos ayudaría a entender la naturaleza del bautismo de Juan. Una exposición así nos ocuparía, probablemente, tantas páginas sino más de las que presentamos en este estudio sobre el bautismo. De modo que nos limitaremos a las recomendaciones que aparecen al final de la obra.

No obstante, se hace necesario decir que el bautismo de Juan apartaba al remanente Judío –y sólo podía ser Judío– que esperaba al Mesías profetizado desde los días de Nehemías. Era un bautismo de arrepentimiento (Mr 1:4; Lc 3:3; Hch 13:24; 19:4) que les apartaba de la condición caída de la nación. Ellos esperaban al Mesías y la introducción y establecimiento de Su reinado; por ello la pregunta «Señor, ¿restaurarás el reino a Israel en este tiempo?» (Hch 1:6). Pero ocurrió algo: Israel rechazó a su Rey cuando Éste les ofrecía la entrada al Reino, una entrada no individual sino de toda la nación (Jer 3:17-18).

Al rechazar a Cristo, los tratos de Dios con Israel como nación han sido cortados hasta que Él vuelva. Y esto tiene importantes implicaciones en cuanto al bautismo de Juan, pues éste preparaba el camino al Mesías introduciendo al remanente a un nuevo terreno.

Es decir, el bautismo de Juan no tiene absolutamente nada que ver con el bautismo Cristiano ni con la Iglesia, pues cada uno de ellos introduce a terrenos completamente distintos.

También debemos decir que el Señor Jesús fue bautizado por Juan, no en Su caso para confesión de pecados, sino para asociarse en gracia con el remanente arrepentido, para cumplir toda justicia conforme a lo profetizado (Mt 3:15).



La circuncisión

Aquí tenemos la imagen más clara del verdadero sentido del bautismo.

En primer lugar la Palabra de Dios liga de manera inseparable –los considera como equivalentes, cada uno en su rango de acción– estos dos aspectos de la muerte de Cristo: la Circuncisión y el Bautismo. El primero es la introducción a la profesión del Judaísmo mientras que el segundo lo es a la profesión del Cristianismo. Y como verdaderas imágenes de la muerte de Cristo, verdaderas sepulturas que confieren la identificación del nuevo terreno en base a nuestra muerte (el mismo acto del bautismo o Circuncisión) (Col 2:11-12).

Notemos que, para argumentar en contra del bautismo de los hijos, se arguye que los bautizados eran los que recibían la Palabra (Hch 2:41) y, por tanto, que los sujetos deben primero creer y después ser bautizados.

Mi pregunta es: ¿Cuándo fueron bautizados estos primeros cristianos? Cuando creyeron, por supuesto; la Iglesia acababa de ser establecida.
Y Abraham, ¿Cuándo se circuncidó? Cuando creyó, por supuesto; la Circuncisión acababa de ser establecida.
E Isaac, ¿Cuándo fue circuncidado? No cuando creyó, sino al octavo día de nacer, y en base a la fe de su Padre. Ismael recibió la Circuncisión, no por haber creído él mismo, sino por haber creído su padre.

Es obligado realizar la última pregunta: ¿Cuándo deben ser bautizados los hijos de los cristianos? No dudamos que aquellos nuevos cristianos bautizaron a los hijos que había ya en su casa, así como Abraham a Ismael; y mucho menos dudamos que los hijos que fuesen naciendo serían bautizados en base a la fe del padre, así como Abraham con Isaac.



Pasemos ahora a las Escrituras con el propósito de dilucidar, en base de los varios pasajes en los que se alude al bautismo, cuál es su enseñanza con referencia al mismo.

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