Capítulo segundo —————————— ¿QUÉ ES EL BAUTISMO?



LO QUE ES Y LO QUE NO ES

En primer lugar debemos indagar qué es el bautismo, y en relación con esto observaremos brevemente lo que no es, aunque muchos digan lo contrario: 

El bautismo no es la obediencia del Cristiano a un mandamiento, en contraste a la Circuncisión que sí era la obediencia del Judío a un mandamiento. Cuan a menudo oímos que se dice: Tenemos el mandamiento claro de la Escritura: «Creed y sed bautizados.»

En esta expresión intentan refugiarse muchos, y sin embargo, no existe tal expresión en la Palabra, ni tampoco ningún mandamiento a ser bautizados. El mandamiento en Mateo 28 es a los apóstoles: «Doctrinad a todos los Gentiles, bautizándolos...» y en Marcos 16, también es a ellos «Predicad el evangelio a toda Criatura» y entonces tenemos la declaración del Señor sobre las consecuencias en aquellos que lo oyesen. Esto es diferente de un pretendido mandamiento a ser bautizado.

Quisiera decir, de una vez por todas, que el tomar el bautismo como un mandamiento de la manera a que nos hemos referido, no es escritural en absoluto. Es la introducción del principio legalístico de obediencia a ordenanzas como medio de bendición dentro del Cristianismo, y genera servidumbre. Es, de hecho, completamente opuesto al Espíritu del Cristianismo.

Tampoco es el bautismo un signo o confesión pública de que ya estamos muertos y resucitados con Cristo. La Escritura no dice esto en ningún sitio, pues en ningún sitio afirma que el bautismo sea un signo o símbolo de algo ya previamente cierto en la persona bautizada.

Entrando a lo que es el bautismo, encontramos en primer lugar que la Escritura nos lo presenta como la recepción al terreno Cristiano a los que vienen de entre Judíos y Gentiles (no me refiero aquí al bautismo de Juan, que era bastante distinto, aunque en su principio muy similar, ya que estaba conectado con un remanente profesadamente arrepentido dentro del Judaísmo –y lo constituía como tal. Este bautismo de Juan separaba al remanente profesadamente arrepentido del resto del Judaísmo). El bautismo Cristiano pues, constituye a la persona bautizada como cristiana, en cuanto a su posición aquí en la tierra, y la introduce en los privilegios y responsabilidades exteriores de la Cristiandad.

El capítulo 2 de los Hechos lo demuestra claramente, y ahora lo consideraremos. El apóstol, por el Espíritu Santo, estaba convenciendo a los Judíos de su culpabilidad por el asesinato de su Mesías. Habían rechazado a Aquel en quien todas las promesas y bendiciones eran y estaban y, ahora, en lugar de estar en una posición de favor y privilegio, estaban probadamente bajo culpa y condenación. Esto se les mostró tan vívidamente ante sus conciencias, que tres mil de ellos quedaron completamente convictos y clamaron: «¿QUÉ HAREMOS?».

De la respuesta de Pedro podemos ver claramente el propósito y el significado del bautismo por la manera que les dirige a actuar: Primeramente, «Arrepentíos», (o sea que se juzgasen a si mismos y al terreno que ocupaban ante Dios como identificados con la nación apóstata y ser después recibidos a un terreno completamente nuevo, y ello evidentemente por el bautismo, pues él añade: «y sed bautizados, cada uno de vosotros, en el nombre de Jesucristo, para remisión de pecados, y recibiréis el don del Espíritu Santo» (V. Moderna).

Citar esto como prueba de que el bautismo es un mandamiento es proponer el error de que el pecador recibe el perdón por obediencia a una ordenanza, lo que es falsa doctrina, pues está bien claro que eran pecadores, y no creyentes, aquellos a los que Pedro se estaba dirigiendo.

Debemos recordar que en sus mentes, como Judíos, el juicio y las bendiciones estaban asociados con el gobierno de Dios en la tierra, y se despertaron al hecho de que su posición ya no era la de favor y bendiciones de Dios, sino la de culpa y juicio en el gobierno de Dios, y desearon escapar de ello. Pero, ¿cómo lo iban a hacer y cuál era el nuevo terreno al cual debían ser introducidos?

Dos elementos principales en el discurso de Pedro, aparte de la cuestión de la culpa, clarifican este punto: la exaltación de Cristo y la venida del Espíritu Santo. Dice en el versículo 36, «Sepa pues ciertísimamente toda la casa de Israel, que Dios ha hecho Señor y Cristo a Jesús a quien vosotros crucificasteis». Esto abre el terreno Cristiano en el acto –una cosa nueva, fuera de la tierra. Evidentemente, en este capítulo tenemos que el bautismo los introdujo en este nuevo terreno. Ya no iba ha haber más perdón de pecados en el Judaísmo, ni siquiera en conexión con sus sacrificios, y tampoco se iba a dar el Espíritu Santo a los Judíos como tales. Todo esto estaba completamente aparte de ellos, y el único camino que tenía el Judío para escapar de que se le identificara con la nación y participase del juicio que iba a caer sobre ella, era el ser introducido al terreno Cristiano. Pedro les urge, en el vers. 40: «Sed salvos de esta perversa generación». Démonos cuenta de que se les exhorta a que se salven: está completamente de acuerdo con lo que hemos estado diciendo y con el tenor de todo el capítulo. Démonos cuenta también del versículo 39, que está conectado firmemente con el versículo 38, y que desde luego forma parte de la contestación de Pedro a la pregunta de ellos: «¿Qué haremos?».

Será bueno que nos demos cuenta que el capítulo tercero presenta un carácter diferente del capítulo segundo y, cómo nos ayudará a la recta comprensión de ambos capítulos el darnos cuenta de la diferencia, nos referiremos brevemente a ella.

Aquí, también en el tercer capítulo, se les expone la culpa de la nación, pero se dirige a ellos como nación, y llamados a arrepentirse como nación, y se les dice que Dios les enviará a Jesús, etc., mientras en el capítulo segundo el mensaje es que el Espíritu Santo ha sido dado, y Jesús exaltado arriba y hecho Señor y Cristo, lo que es completamente nuevo y diferente, como ya hemos visto anteriormente, y aparte de la nación como tal, y en unión de lo cual tenemos arrepentimiento y bautismo para remisión de pecados y también la exhortación «Sed salvos de esta perversa generación».

Pero como alguien podría erróneamente deducir que el bautismo sólo se puede usar así en relación con los Judíos y su culpa especial, consideraremos el caso de Cornelio y su compañía (Hechos 10) que eran Gentiles. En este caso tampoco podemos dejar de ver que es usado con el mismo pensamiento y para el mismo propósito, o sea, recibir a terreno Cristiano a aquellos que estaban fuera de él, y el medio de la recepción es el mismo para el Gentil que para el Judío. No es cuestión de la nacionalidad, ni de la edad, ni de la condición de la persona bautizada, sino del objeto del bautismo y de adónde introduce a aquellos que son sujetos de él.

Cornelio y sus amigos habían recibido el Espíritu Santo (y por tanto, estaban en un estado de alma muy diferente al de los tres mil de Hechos 2) y a causa de que Pedro vio que no podía rehusarles la admisión a la posición y privilegios de la Cristiandad, le hace observar a sus compañeros de la Circuncisión, «¿Puede alguno impedir agua, para que no sean bautizados éstos que han recibido el Espíritu Santo también como nosotros?...»

Es bien cierto que el bautismo estaba conectado con el privilegio, en su pensamiento, o sus palabras no hubieran tenido significado, pero no era la admisión a los privilegios del Judaísmo, pues entonces hubiera debido decir «¿Puede alguno impedir la Circuncisión?». Así se puede decir: el bautismo sucede a la Circuncisión, como el Cristianismo sucede al Judaísmo.

Aquí otra vez, no es la obediencia de aquellos a los que se les ordena bautizarse sino la recepción de personas que Pedro reconoce que deben ser recibidas. Dios ya los había reconocido y les había dado el don más grande, no haciendo diferencia entre ellos y los de la Circuncisión, y así el camino para su recepción estaba despejado. Pedro lo reconoce y dice, en otras palabras, a los que le acompañaban (porque sus observaciones e instrucciones se dirigen a sus compañeros de la Circuncisión) «Traedlos adentro, no deben quedar fuera de nuestro terreno» y esto lo hicieron por medio del bautismo.

En estos casos está bien claro que aquí no había ningún pensamiento de dar ningún testimonio público o privado de que estaban muertos y resucitados con Cristo, porque ¿quién podría decir que esto era cierto de aquellos en Hechos 2? y, ¿qué sabían Cornelio y sus amigos de esta verdad, que fue solamente enseñada por Pablo después de que miles hubieran sido bautizados?


¿A QUIÉN? –LA PREPOSICIÓN «EIS»

Pero aun más, el bautismo es «a Cristo» –no Cristo como Mesías en la tierra, sino exaltado después de haber ido a la muerte. Dios le hizo Señor y Cristo, y esto es reconocido en el bautismo.

Este reconocimiento de Cristo como Señor se da solamente ahora, en conexión con la Cristiandad durante la presente dispensación (periodo de la Asamblea o Iglesia). Los Judíos le rechazaron y le continúan rechazando, y los Gentiles estaban completamente fuera en cuanto a Dios, posicionalmente, y hundidos en la idolatría; tanto los Judíos como los Gentiles eran enemigos de Dios y culpables ante Él; ambos, también, se habían unido para rechazar y crucificar a Cristo, pero Dios lo había resucitado y glorificado y había enviado al Espíritu Santo para que diese testimonio de él. Así Jesús es Señor de todos y el bautismo es siempre a Él como Señor (1 Co 10 «bautizados a Moisés») y el que es bautizado es llevado al terreno donde su Autoridad es reconocida y, como bautizado a Él, es responsable de reconocerlo en la práctica.

Desde luego, allí donde no hay ejercicio del alma, no habrá lealtad a Él; esto, no obstante, no es el punto que ahora consideramos, sino lo que el bautismo es y hace con aquellos que son sujetos a él. Es «a Cristo».

Es también «a su muerte» (Ro 6:3). No «en» o «dentro» de su muerte sino a ella. Es «a» Cristo, a un Cristo que ha muerto, a quien somos bautizados y no a un Mesías en la tierra. Es tan sólo por su muerte que podemos tener lo que se nos presente y se nos da a disfrutar en el Cristianismo. Por tanto, el Apóstol continua diciendo en Romanos 6: «Somos sepultados juntamente con Él a muerte»; no un símbolo de que he sido sepultado sino «Sepultados... por el bautismo», esto es lo que la Escritura dice. No dice resucitados por el bautismo, sino «sepultados a muerte»; Colosenses 2 dice lo mismo, pero, como el Espíritu Santo está allí presentando al creyente como muertos y resucitados con Cristo, añade, «... en el cual también resucitasteis con Él por la fe de la operación de Dios que le levantó de (entre) los muertos» (versículo 12). Aquí tenemos en relación, y siguiendo al bautismo, la fe en la operación de Dios y nuestra resurrección por ella, pero la sepultura es por el bautismo. Es decir, el bautismo nos da sepultura, la fe nos resucita.

Romanos no presenta a los creyentes en absoluto como resucitados con Cristo, por lo que citar Romanos 6, como a menudo se hace, como prueba de que el bautismo es un símbolo de que estamos muertos y resucitados con Cristo es, por lo demás, ignorancia del rango de acción de la epístola.

Hay que hacer notar que la preposición griega «
,4H (eis)» debe traducirse «a». De traducirse «en» deberíamos encontrar en el griego «,< (en)».

Así, en la Reina-Valera, en Mateo 28:18 «
¨>@LFÆ" ¨< @ÝD"<è (autoridad en el cielo)» la traducción es correcta. En cambio, en el vers. 19 traduce erróneamente «bautizándoles en el nombre», cuando el griego dice «$"BJ\.@<,H "ÝJ@×H ,ÈH JÎ Ó<@:" (bautizándoles al nombre)», que literalmente sería «bautizándoles hacia el nombre».
De la misma manera, en Gálatas 3:27 se debe leer: «Porque todos los que habéis sido bautizados a Cristo...» (no en Cristo) pues en el original se usa «
ÓF@4 (D ,ÈH OD4FJÎ< ¨$"BJ\F20J,»: «,4H», no «,<» que significaría propiamente «en».


REVESTIDOS

También el bautismo es «vestirse de Cristo», Gálatas 3:271 lo afirma definida y definitivamente. No es por la fe, sino por el bautismo que nos vestimos de Cristo. El versículo previo coloca la fe en su propia conexión: «Porque todos sois hijos de Dios por la fe en Cristo Jesús»; y estos dos versículos no se deben confundir, como si ambos nos presentasen una misma idea, o se destruye el punto y la fuerza de ambos. Si se comprenden correctamente nos ayudan mucho a concebir propiamente lo que es el bautismo, su idea y su lugar escritural, y además nos muestra también que el bautismo está conectado con un sitio exterior, en la tierra, mientras que la fe tiene que ver con el estado del alma ante Dios y a nuestra relación con Él y con el cielo, con lo que es invisible y eterno. Con esto último, el bautismo no tiene nada que ver.

Los Gálatas estaban volviendo a la Ley, que lo que hacía era volverlos a la esclavitud –al lugar de siervos; el Espíritu Santo les constriñe a ver, por ello, que son hijos y no siervos, «todos sois hijos de Dios por la fe en Cristo Jesús» no por el bautismo en manera alguna, es lo que el Apóstol hace ver. Entonces pasa al bautismo de ellos, y es como si les dijera «Os habéis vestido de Cristo por vuestro bautismo (los que se hubieran bautizado) ¿por qué deseáis vestiros de Moisés?». Ellos estaban identificados exteriormente con Cristo por su bautismo –se habían revestido de Él. Igual que en tiempos antiguos Israel fue bautizado a Moisés en la nube y en el mar. Todos fueron bautizados a él, hombres, mujeres, niños y por tanto conectados exteriormente a él y bajo su autoridad. El qué de su actuación después de esto era otra cosa, y el que tuviera fe o no era una cosa que en el desierto se comprobaría.

Esta epístola (a los Gálatas) fue escrita a los que tenían fe, pero lo particular ante nosotros no es si tenían fe o no cuando fueron bautizados, sino que su bautismo fue «vestirse de Cristo», no un símbolo de que se habían revestido previamente de Él.

En Romanos 13 tenemos «Revestíos del Señor Jesucristo» que es algo diferente. Es lo que a los Romanos se les exhorta a hacer, aunque ya estaban bautizados previamente y que por tanto se habían «vestido de Cristo» de acuerdo con Gálatas 3:27. En Romanos 13 es la manifestación práctica de Él (de ahí que se use Su nombre completo) en nuestro andar práctico en la tierra.

Una persona puede vestir el uniforme militar y ser un traidor en su corazón y opuesto al espíritu de su capitán, pero siempre es responsable, como persona, de lo que viste, y está en un terreno muy diferente de quien nunca ha sido puesto bajo obediencia del capitán.

En conexión con esto desearía referirme a 1 Corintios 15:29, un versículo que muchos no comprenden. La figura que aquí se utiliza es la de un ejército expuesto al ataque de los enemigos, que lo están diezmando, pero otros están constantemente pasando a él y llenando el lugar de los caídos en las filas. El Apóstol nos diría: ¿cuál es el beneficio de hacer esto si no hay resurrección? ¡Mejor dejar el ejército, abandonar el uniforme y gozar del mundo: «comamos y bebamos que mañana moriremos»! Este versículo muestra que su bautismo les había colocado en este lugar –los había conectado con Cristo. «Bautizarse por los muertos» (1 Co 15:29) aquí quiere significar los que ocupan el puesto en la profesión de aquellos que han caído. Es importante ver que el verso 18 explica el 29 y el 19 el 30-32. Más adelante veremos cómo se aplica esto a la familia de los Cristianos.


EL BAUTISMO ¿EN QUÉ MODO SALVA?

Vamos a pasar ahora a 1 Pedro 3:21, donde se dice «El bautismo... ahora nos salva»2 pues esto requiere nuestro examen más cuidadoso.

Debemos recordar que aquí como en los demás sitios no tenemos por parte del Apóstol una exposición de lo que es el bautismo, sino que se nos presenta en conexión con el sujeto que está ante él, o lo estaremos haciendo de interpretación privada (2 P 1:10).

En las epístolas de Pedro lo que se nos presenta es el gobierno de Dios, los varios efectos de este gobierno Suyo, y los sujetos a él. En la 1ª epístola es Su gobierno en relación con los justos y en la 2ª en relación con los malvados. No tenemos en ellas la verdad del creyente como muerto y resucitado con Cristo, a pesar de que haya quien se empeñe en citar 1 Pedro 3:21-22 para justificar este aspecto, en lugar de dejar que sea la Escritura la que nos muestre cada uno de los aspectos de este sujeto.

La epístola está escrita a Judíos convertidos, cuyos pensamientos estaban formados por los conocidos caminos del gobierno de Dios en la tierra, que estaban familiarizados con ellos y estaban acostumbrados a esperar bendición, paz y liberación en la tierra como porción de los justos –de aquellos que actuaban con recta conciencia. Ahora habían pasado al Cristianismo, con buena conciencia, en la confianza de que estaba de acuerdo con el pensamiento divino que debían dejar el Judaísmo como apóstata y condenado, ya no más bajo Su favor, sino que Su ira estaba pendiente sobre los que permanecían aun en él, esto es: ira en la tierra bajo Su gobierno, de la que tenemos un ejemplo en la destrucción de Jerusalén bajo Tito. Fue una destrucción nacional, de acuerdo a lo que ellos mismos habían dicho «Sea su sangre sobre nosotros y sobre nuestros hijos».

Pero a pesar de que Pedro dice «el bautismo ahora nos salva», esto no era tan evidente para ellos, ya que estaban soportando persecución y sufrimiento de parte de los de su propia nación y de otros; de ahí que estuvieran perplejos, y su buena conciencia pedía una explicación –¿Por qué todo esto? Notemos aquí la diferencia entre «buena conciencia» y «conciencia purgada»; la primera es el deseo de andar rectamente y la segunda es que no tiene ya conciencia de pecado; una distinción muy importante para entender esta Escritura.

En el capítulo 3, Pedro alude a estos sufrimientos, y se refiere entonces a su bautismo, que los había separado exteriormente de la nación, y salvado de la ira y juicios gubernamentales a los que ya hemos aludido, colocándolos en la esfera en la que se conocía el perdón de los pecados, y se manifestaba el poder del Espíritu Santo. Entonces trata de animarlos en esta posición, y les muestra cómo las circunstancias en las que ellos estaban eran consecuentes con su presente posición y conexión con Cristo, durante el tiempo en que Dios estaba esperando en paciente gracia a los que no se arrepentían; porque aunque el juicio era seguro sobre los que no se arrepentían aun así Dios estaba mostrando Su paciencia con ellos. Mientras Dios estaba así esperando, estos justos (aunque estuviesen pasando un sufrimiento bajo el gobierno de Dios) no debían temer el ser cubiertos por el juicio, como si estuviesen sufriendo bajo la ira de Dios, porque no era así. Como en el caso de Noé, que en su día pasó por el diluvio y fue salvado por él, así ellos, aunque ahora estuviesen sufriendo en el gobierno de Dios, tenían la seguridad, en y por la resurrección de Cristo, de una liberación completa de todo aquello por el medio de lo cual estaban pasando, que había venido sobre ellos desde su separación del Judaísmo por el bautismo.

Así habían escapado ellos, y habían sido salvados de la ira y del juicio de la nación y habían sido identificados con Él, quien, habiendo pasado por el sufrimiento y por la muerte, había resucitado de entre los muertos, habiéndole sido entregado a Él todo el poder. El caso del diluvio es así traído como ejemplo, tanto de la paciencia de Dios, cuando el Espíritu de Cristo (por Noé) predicaba a aquellos cuyos espíritus están ahora encarcelados, exhibiendo la ira y el juicio de Dios sobre los contumaces, como también de la salvación del justo (y de su familia, en el gobierno de Dios). Pero estos fueron salvados por agua, que fue el instrumento de ruina y muerte a otros.

En aquel caso el agua del diluvio cayó sobre todos a la vez, y Noé fue salvado por ella. En la época en que Pedro estaba escribiendo, mientras que los principios del gobierno de Dios eran los mismos, los justos estaban pasando por pruebas antes de que el juicio cayera sobre los injustos, y durante el tiempo de Su paciencia con éstos; pero, aunque sufriendo y probados, no tenían que temer como si ello fuera de la ira de Dios; podían estar completamente seguros de una liberación definitiva y total de todo ello, como Noé fue salvado por medio del agua «A la figura de la cual el bautismo que ahora corresponde nos salva... por la resurrección de Cristo»3 ¡Qué ánimo y seguridad que contenía todo ello para estos creyentes provenientes del Judaísmo! Los justos eran salvados a través de las pruebas y sufrimientos de los caminos gubernamentales de Dios (que es lo que da significado a la expresión «si el justo con dificultad se salva») pero cuando todo ello llegara a su fin, y su liberación de todas las dificultades consumada, «¿a dónde aparecerían el infiel y el pecador?». Mientras que los caminos de Dios en su gobierno pueden cambiar, los principios de Su gobierno permanecen inalterables.

Así pues, tenían estos principios puestos ante ellos para su guía y su seguridad, a pesar de que, ahora, «el juicio comience en la casa de Dios»; pero el fin de la acción divina es el mismo. Las aguas de la muerte en el día de Noé tan solo lo levantaron por encima del juicio y lo introdujeron a una creación típicamente nueva; y, ahora, para ellos ha resucitado Cristo, y no tan solo esto, sino que «está a la diestra de Dios, habiendo subido al cielo; estando a él sujetos los ángeles y las potestades y virtudes» ¿Qué pueden ellos temer, entonces? Aquí tienen la respuesta a toda la demanda o interrogación resultante de su bautismo, que los colocó en un lugar de sufrimiento, sobre el cual estaban perplejos y deseaban una explicación. La resurrección es la respuesta para cada demanda o pregunta.

Antes de dejar este aspecto, desearía remarcar que esta epístola está dirigida a verdaderos creyentes «elegidos según la presciencia4 de Dios Padre» y por tanto la resurrección les era más que el testimonio de una nueva liberación de los juicios que iban a caer sobre la nación rebelde; la fe mira más allá y espera las bendiciones. Ellos esperaban esto: «una salvación... preparada para ser revelada» (1 P 1:5) pero necesitaban ser preparados y animados en el camino del sufrimiento aquí abajo; sufrimiento a causa de su identificación con Cristo, y sufrimiento por causa de la justicia durante el tiempo de la paciencia de Dios con los impíos, siendo el sello y seguridad de lo primero la resurrección de Cristo y Su gloria presente, y el sello de lo segundo el juicio anterior de Dios en los días de Noé. Pero estos Cristianos no tenían nada que temer, ni aquí ni en el más allá. No sólo estaban bautizados, sino que eran justos –siendo creyentes–, y es importante el remarcar que solamente se menciona su bautismo de paso. La cuestión de quien debe de ser bautizado no se toca, ni se menciona directamente en el pasaje. Todavía no hemos llegado a esta cuestión, sino tan solo a lo que es el bautismo y lo que hace, para y por aquellos que son sujetos de él.


LAVAMIENTO

Ahora vayamos a Hechos 22:16. Aquí encontramos que el bautismo es lavamiento –el lavamiento de los pecados. Está bien claro que aquí no es el caso de una conciencia siendo purgada o el alma salvada o la persona siendo aceptada en Cristo y en Su obra consumada. Todo esto es por la fe en Su sangre: «la sangre de Jesucristo nos limpia de todo pecado». Yo no me lavo a mí mismo, sino que él me lava a mí (Ver Ap 1:5 y 1 Co 6:11). Todo esto es benditamente cierto y sencillo, pero lo otro (Hch 22) también es cierto, y no hay pensamiento aquí de que el lavado sea un símbolo, ni signo, ni figura, ni confesión de estar ya lavado, aunque muchos lo citan y explican así. No se lava una cosa como símbolo de que está limpia, o para confesar que está limpia, sino para limpiarla.

Saulo de Tarso era un Judío –un amargo enemigo de Cristo y de su pueblo– participante en la culpa del asesinato de Esteban, etc. En su ciego celo por el Judaísmo era el oponente máximo del Cristianismo, pero la gracia sobreabundó, y le trajo a los pies de Jesús de Nazaret. Él se reveló a si mismo en gloria a Saulo, quien iba a ser vaso escogido desde entonces. Éste era el propósito de Dios, y cuando Él hubo puesto el arrepentimiento en Saulo, Ananías le fue enviado para que recibiese la vista y el Espíritu Santo; pero no como Judío: debía de ser sacado de su terreno al terreno donde se conocía el perdón de los pecados y en el que habitaba el Espíritu Santo. Debía limpiarse de la identificación con la culpa que era suya como Judío y como perseguidor de Cristo, y ser traído al terreno Cristiano –convertirse en Cristiano en cuanto a su lugar; y esto por el bautismo.

Hasta su bautismo, la culpa y los pecados que eran suyos le quedaban en cuanto a su lugar en la tierra, y en este sentido él estaba –hasta el bautismo– sin lavar y sin perdón.

De ahí que el bautismo, el cual es el símbolo de la muerte de Cristo, es lo que lava5 en un sentido gubernamental. Es cuando Pablo dio la historia de su conversión a los Judíos, que explica las instrucciones anteriores dadas por Ananías, intimando que las purificaciones y lavamientos conectados con su sistema (Judaico) no eran ya de ninguna utilidad, y que el verdadero terreno para cualquiera que desease ser un vaso de Dios, aquí, era el limpiarse de sus conexiones completamente, y reconocer el señorío de Cristo por medio del bautismo, que introduce a una persona en este terreno, lo que es hecho tan solo en la Cristiandad, durante el presente periodo de la Iglesia.


CONCLUSIÓN

Ahora, pues, ya hemos visto lo que el bautismo es, o sea, la recepción al terreno Cristiano de los que provienen del Judaísmo o del Paganismo, la esfera donde la autoridad de Cristo es reconocida, y la responsabilidad conectada con este lugar. (Por Paganismo entendemos todo lo que está fuera del Judaísmo y de la Cristiandad, todos los que no están circuncidados ni bautizados –ver Gá 5:8 y 1 Co 10:32). Es, por tanto, «a Cristo», y si a Él, «a su muerte», y es símbolo de ella. Es también «Sepultura de su muerte»; Romanos 6:4a afirma esto: no dice que ya estemos muertos y por tanto somos sepultados por el bautismo, sino que somos «sepultados a muerte por el bautismo» y por consiguiente hay la responsabilidad de andar en novedad de vida (Ro 6:4b). Es el reconocimiento de su muerte, y el bautizado es, por el bautismo, sepultado a Su muerte.

El bautismo Cristiano es la recepción al terreno Cristiano, al igual que la Circuncisión era la entrada al Judaísmo, de la misma manera que el bautismo de Juan era la separación del remanente que esperaba al Mesías. En todas las épocas ha sido el modo de entrar al terreno de bendición, es decir, a la esfera de gobierno que Dios ha establecido en cada dispensación.

Por lo tanto, el bautismo da la idea de un traslado a un nuevo terreno; es también por ello que el bautismo no es símbolo de nuestra muerte sino nuestra identificación con la muerte de Cristo, lo cual nos da sepultura. No es el símbolo de morir sino el mismo morir.

Tampoco es símbolo de vestirse de Cristo, sino el mismo vestirse de Cristo, lo que está conectado nuevamente con Su Señorío y autoridad y con una identificación posicional con Él en la tierra; porque el bautismo está relacionado enteramente a nuestra posición en la tierra bajo el gobierno de Dios; Pedro, cuando habla de este gobierno, dice a aquellos a los que escribía: «el bautismo que corresponde a esto (al agua del Diluvio) nos salva... por la resurrección de Cristo» (1 P 3:21). En la misma conexión, el bautismo es el lavamiento de los pecados en la tierra; porque sea lo que sea una persona por su fe en Cristo, y de acuerdo con el propósito de Dios en Su gracia (y allí donde hay fe, hay todo lo necesario para la eternidad), aun así, en lo que se refiere al gobierno de Dios en la tierra, no está lavado ni salvado hasta que esté bautizado. En cuanto a su posición ostensible en la tierra no es Cristiano, sino Judío o Gentil.

También hemos visto que no es una confesión pública de nuestra muerte y resurrección, sino la identificación con Cristo en su muerte (Ro 6:3). Nos traslada hacia su muerte dándonos identificación de profesión terrena conectándolo con la tierra así como la fe con el cielo: Gálatas 3:26 «hijos de Dios por la fe» (operación espiritual, del cielo); Gálatas 3:27 «revestidos de Cristo por el bautismo» (operación externa terrenal)


El gobierno de Dios es un tema importante; y es importante que lo entendamos claramente, pues los principios que incluye, cuando se entienden, nos ayudan mucho a la comprensión correcta de la cuestión del bautismo, y desde luego de muchas partes de las Escrituras. Pero vayamos a considerar ahora mismo quiénes son los adecuados sujetos del bautismo.

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Referencias

1 El bautismo tiene su relación con tomar nuestro lugar en este mundo como aparte del mundo, entrando –en lo que al mundo se refiere– en las filas de Jesucristo, el gran Rechazado. Esto en el plano exterior, de profesión. N. del T. Volver a nota 1

2 Dice «in toto»: «El bautismo que corresponde a esto ahora nos salva» está bien claro que habla del bautismo «salvando». Es importante ver de qué salvación trata, pues veremos que explica muchos pasajes oscuros. N. del T. Volver a nota 2

3 Leo las palabras en paréntesis en este versículo, respetando el paréntesis, en el cual se nos da lo negativo y positivo en cuanto al bautismo, conectando pues las palabras después del paréntesis con las de antes de él. Volver a nota 3

4 Presciencia: conocimiento perfecto de Dios de lo que para nosotros es PASADO, PRESENTE Y FUTURO. Volver a nota 4

5 Recordemos: el bautismo es símbolo de la muerte de Cristo, pero no es símbolo del lavamiento, si no que de hecho lava gubernamentalmente, introduciendo a la esfera cristiana al individuo sujeto de él. Volver a nota 5

 

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