Capítulo tercero ————— ¿QUIÉNES DEBEN SER BAUTIZADOS?
PRIVILEGIO
Observamos que en los casos registrados en la Escritura, aquellos que fueron bautizados, lo fueron a menudo en estados de alma muy diferentes. Encontramos Judíos, Samaritanos, y Gentiles bautizados, bajo diferentes circunstancias y condiciones. No se fija ninguna pauta para que todos lleguen a ella antes del bautismo. No se exige ninguna confesión (pues Hechos 8:37 es una interpolación espuria
posterior)6. En Hechos 2, se exhorta a pecadores convictos para que se bauticen. En el capítulo 8 los Samaritanos creen a Felipe y se bautizan, pero no reciben al Espíritu Santo hasta al cabo de un tiempo, y así, aunque son introducidos en el terreno de la Cristiandad, aun no estaban en «el cuerpo de Cristo», pues no podían pertenecer a Él hasta que no hubiesen recibido el Espíritu Santo (1 Co 12:13). También tenemos unos Gentiles en Hechos 10 (el único caso registrado en la Palabra) recibiendo al Espíritu Santo antes del bautismo. Saulo de Tarso vio primero al Señor glorificado y tres días después fue bautizado y tuvo sus pecados lavados invocando el nombre del Señor.
Después tenemos a Lidia –cuyo corazón había abierto el Señor a la Palabra– bautizada, y no solo ella, sino su familia con ella, a pesar de que no se nos da el testimonio de que sus corazones fueran abiertos; pero si éste hubiera sido el caso, el Espíritu Santo hubiera encontrado igual de fácil la manera de conectarlos a ellos con ella en referencia a la fe de ella al Señor. «Si habéis juzgado que yo sea fiel al Señor», les dice a Pablo y a sus compañeros, «entrad en mi casa y posad». Esto lo dice justo «cuando fue bautizada y su familia». Ella quiso ser bautizada y que se bautizase su familia con ella; todos debían ser puestos bajo la Autoridad o Señorío de Cristo. Ésta fue su fidelidad a Él, pues Hechos 16:15 conecta evidentemente su fidelidad (o fe) con el bautismo de ellos, ya que dice: «Cuando (ella) fue bautizada y su familia, nos rogó diciendo: si habéis juzgado que yo sea fiel al Señor, entrad en mi casa».
Lidia no solamente fue introducida al terreno de la Cristiandad ella misma, sino que tiene a su casa, a su familia, introducida en el mismo terreno con ella, lo que no era cosa ligera en aquellos días, cuando estaban cercados por enemigos de la Cristiandad –por Judíos y Gentiles. Fue fidelidad al Señor por su parte. La familia de Lidia es un caso claro de bautismo sin la más mínima sugerencia de ninguna confesión por parte de los que la formaban, o de una obra de Dios en ellos. Si estas cosas hubieran sido ciertas de ellos, así como lo fueron de ella, seguramente que lo tendríamos mencionado. Además, el versículo 15 nos muestra un acto de Lidia, que fue hecho bajo su responsabilidad. Es bautismo familiar, clara y simplemente presentado por la Escritura, conectado con la responsabilidad y fidelidad (hasta allí donde llegase) del cabeza de la familia –en este caso una mujer.
Conozco los esfuerzos que se han hecho para deshacerse de la evidencia de este ejemplo de bautismo, y las suposiciones que se han hecho y las conclusiones a que se han llegado, sin otro terreno que el de las suposiciones, generalmente en el sentido de que Lidia no tenía casa en el sentido en el que el griego lo menciona (oikos) (que usada en esta conexión significa casa en el sentido de familia: la versión moderna traduce «casa» y Reina Valera 1960, como también Reina Valera 1909 traducen «familia». En realidad se pueden usar estos términos indistintamente). La Escritura es muy precisa en su significado, como veremos nuevamente en el caso del carcelero de Filipos siguiendo este mismo capítulo.
El apóstol, en respuesta a su interrogante «¿Qué debo hacer para ser salvo?», en el acto conecta a su casa con él (ver también Hechos 11:14). A continuación tenemos la Palabra del Señor predicada «a todos los que estaban en su casa» que podría incluir a más personas que «su casa» del versículo anterior. En el próximo versículo tenemos el bautismo introducido, y es de él y de los suyos que se nos dice fueron bautizados, no «todos los que estaban en su casa», la distinción es muy clara.
El carcelero sería responsable del bautismo de su casa –«todos los suyos» (vers. 33) pero no de otros que pudiesen estar en su casa en aquel momento (otros carceleros, siervos, etc.); «todos los suyos» incluiría solo aquellos con los cuales él tuviera responsabilidad por su relación con él, y por tanto, incluiría al niño más pequeño. Se podrá decir que no hay ninguna prueba de que tuviera ningún niño pequeño. La respuesta a ello es que no afecta en absoluto al principio, que es que «todos los suyos» estaban conectados con él en bendición y privilegio, y por tanto, fueron bautizados, y en lo que se debe insistir es que este principio incluye también al niño más pequeño.
Aquí tenemos otra vez un ejemplo de admitir toda una casa, juntamente con el cabeza de ella, al lugar de privilegio. ¿Tienen ellos razón para hacer esto, a causa de su relación con el cabeza? Si es así, deberían ser bautizados; y el que sean adultos o no, no es la cuestión, siempre y cuando estén en la casa, y bajo la autoridad del cabeza de ella. Así vemos después el fruto en el corazón del carcelero: «se regocijó con toda su casa de haber creído a
Dios»7. Era una casa feliz, ahora que era salvo, y que se habían vuelto de los ídolos para servir al Dios verdadero.
Desde luego, si las personas de aquella época rechazaban el evangelio que les había sido predicado, no eran bautizados. Si rechazaban el Cristianismo, rechazaban el bautismo, y si lo aceptaban, lo aceptaban por el bautismo, exteriormente.
Tan solo Dios puede ver el corazón, en cuanto a si había fe o mera profesión (como en el caso de Simón el mago). Si solamente tenemos esto último, no puede haber recepción del Espíritu Santo; lo que se tiene por el bautismo es la recepción en la esfera en la cual Él habita, y así se es testigo y participante de Sus
operaciones8.
Nadie entre nosotros, que yo sepa, defiende el bautismo de infantes como tal, o sea, nadie defiende que los niños deban ser bautizados como tales niños. Por tanto, los que nos combaten por esto, están combatiendo un error imaginario. Lo que sostenemos es que hay niños que deben ser bautizados, no porque sean niños, sino porque son hijos de padres creyentes; y estoy completamente seguro de que los padres creyentes deberían tener a sus hijos bautizados; pero, como éste es el principal punto de desacuerdo para muchos, entraré más en detalle sobre ello.
Encontramos dos principios por toda la Escritura que tienen que ver directamente en esto; uno al que ya hemos aludido, es que la casa siempre está conectada con el cabeza de ella en privilegio, en el gobierno de Dios; el otro, que está muy relacionado con éste, es que el cabeza de la casa es responsable de ella. Noé es un ejemplo impresionante de lo primero, Elí de lo último.
La casa (familia) de Noé, entró en el arca juntamente con él porque era su casa (familia) y porque él era justo. (Gn 7:1). Si alguno de ellos hubiera sido un niño, de seguro que hubiera tenido tanto privilegio como el más mayor, no a causa de ser niño, sino por pertenecer a la familia de Noé.
El diluvio fue parte del trato gubernamental de Dios con la tierra, y fue en relación a este trato que ellos recibieron el privilegio, pero su privilegio y su relación con Noé no les hubiera servido de nada, si él no los hubiera tomado adentro del arca. Tampoco el estar dentro del arca afectó a su estado individual, siendo Sem bendecido y Cam maldecido. Tenemos también el caso de los Israelitas como testigo de este principio. Todos fueron bautizados a Moisés en la nube y en el mar, no siendo esto una cuestión de fe individual, sino de bendición exterior y de privilegio, y de relación con él, que daba título a ello; y de Circuncisión, que los introducía a estos privilegios, de acuerdo con los caminos de Dios, pues Él había impuesto la Circuncisión como entrada al lugar de privilegio ante Él. Abraham obró de acuerdo con esto en su día, y al hacerlo no hizo distinción entre Ismael e Isaac. Había una gran distinción entre esto. El quid de la cuestión está en que ambos pertenecían a Abraham, que formaban parte de su casa, y era su responsabilidad, su propia actuación, que fluía de lo que Dios le había hecho conocer, y le había dado. No esperó hasta que Isaac creciese, y ver cómo se volvería, ni rechazó a Ismael porque no tenía fe. El bautismo familiar va por el mismo principio. En el caso de Abraham tomó la forma de mandamiento, siendo después conectado a un sistema legal, pero ello no afecta al principio que tenemos establecido con casi igual claridad en el Nuevo Testamento. El Señor dice de Zaqueo, «Hoy ha venido la salvación a esta casa». Pedro dice, en Hechos 2: «Porque para vosotros es la promesa, y para vuestros hijos...». Pablo dice: «Cree en el Señor Jesucristo y serás salvo tú y tu casa».
Juntamente con esto encontramos el otro principio al que hemos aludido, o sea que el cabeza de familia es responsable por su casa. Dios dice de Abraham «Yo sé que mandará a sus hijos y a su casa después de sí, que guarden el camino ...», etc. Elí por otra parte, recibe un amargo reproche y juicio de Dios porque falla en gobernar su casa de acuerdo a la posición y privilegio de ellos. No hay duda de que sus hijos estaban circuncidados, y así habían entrado en el terreno que les pertenecía por su nacimiento; pero ahora, estando ya en este terreno, él era responsable de instruirlos de acuerdo al lugar, a la esfera, en la que se encontraban. Fracasó, no al circuncidarlos primero, sino al no instruirlos después.
Este principio lo hallamos también en el Nuevo Testamento. En Efesios 6 leemos: «Padres criadlos (a los hijos) en disciplina y amonestación del Señor». El padre es responsable de esto. Elí era responsable de sus hijos y fue juzgado por los pecados de ellos; ellos fueron juzgados, pero él también lo fue.
Los padres cristianos deberían considerar esto solemnemente. A veces dicen: «Enseño a mis hijos sobre Cristo, les presento el Evangelio, y procuro presentarles un buen ejemplo ¿Qué más puedo hacer?» ¿Fue esto suficiente en el caso de Elí? Si no hubieran sido hijos suyos, participantes en la esfera de privilegio en la que estaban por su relación con él, hubiera sido suficiente; y así es en lo que atañe al Cristiano en cuanto al mundo; esto es todo lo que hacer, en conexión con el mundo. Pero esto no es lo que debe hacer concerniendo a sus hijos. Esto no es educar a los hijos en la disciplina y amonestación del Señor, pues evidentemente no educamos al mundo de esta forma. Elí, como sabemos, hizo mucho. Les fue un buen ejemplo, les enseñó y hasta les reprochó sus malos caminos, pero por todo ello no los crió en la disciplina y amonestación del Señor, y Dios le tuvo por responsable de la maldad de ellos. Elí hubiera podido excusarse, como otros muchos están dispuestos a hacerlo: «No puedo dar a mis hijos nueva naturaleza, ni crear en ellos los deseos de aquello que es recto y bueno, debo dejar que Dios lo haga». Como respuesta a ello vemos que Dios tiene a cada padre como responsable de criar a sus hijos como niños cristianos, sujetos a Él, y en separación del mundo. Toda la casa debe ser separada del mundo a Cristo y sujeta a él. El desierto no debió ser un lugar tan placentero, para los pequeños que fueron bautizados a Moisés, como lo era Egipto, pero ésta no era la cuestión, sino la relación con Dios y con Moisés, a quien Él había dado Su autoridad y completa separación de Egipto y de sus gobernantes.
Por lo tanto, los hijos de padres creyentes deberían estar en separación del mundo, y ser criados en el temor del Señor y lo que es también de primera importancia en todos los casos, en una obediencia implícita y momentánea a sus padres en todo. Los padres están entonces completamente en su lugar para contar con Dios para la salvación de sus hijos y para vigilar y esperar a que la vida divina y la fe en Cristo se manifieste en ellos.
Los niños deberían formar parte de la casa Cristiana, y el bautismo es la admisión a la posición de Cristiano exteriormente, así como también es el reconocimiento del Señorío de Cristo en este hecho. ¿No es el cabeza de familia responsable a reconocer la autoridad de Cristo en cada miembro de su casa? ¿No debería introducirlos en el terreno donde ella es reconocida, y de la manera que el Señor nos ha provisto?.
Rehusar el hacer así es decir, en la práctica, que no somos diferentes del mundo, o más aun, actuar (aunque inconscientemente desde luego) bajo el principio de Caín al presentarle a Dios algo aparte de la muerte (recordemos que el bautismo es también nuestra «sepultura a muerte»), esto es, como si no hubiera pecado en el mundo, y como si los niños no fueran por su naturaleza pecadores y alejados de Dios. Tenemos el otro principio de que no podemos estar en
relación9 con Dios aparte de la muerte –aparte de lo que establece la muerte de Cristo, de lo cual la Circuncisión bajo la ley, y el bautismo de la Cristiandad, son los símbolos o figuras– más completamente expresada en el bautismo, tanto como el Cristianismo es más que y está por encima del Judaísmo, siendo la Circuncisión un mandamiento, está conectado con un sistema legal; siendo el bautismo de gracia, está conectado con una dispensación de gracia que fluye de la muerte de Jesucristo.
Hay algunos que se contentan a sí mismos afirmando que no hay ningún mandamiento en las Escrituras para bautizar a los hijos de un creyente, como si esto fuera la solución definitiva que resolviese el asunto. Pero ésta no es la manera escritural de considerarlo, y no afecta en absoluto a las pruebas de que una persona actúa consistentemente de acuerdo con la enseñanza y práctica bíblica al bautizar a su casa; porque no es asunto de mandamiento, sino de actuar de acuerdo a los principios que la Escritura establece y nos da a conocer. Debemos recordar que los principios no son deducciones ni suposiciones; forman una parte importante de la Palabra de Dios, y son para nuestra guía y dirección.
Hemos visto anteriormente que no hay ningún mandamiento a ser bautizado y también hemos mostrado que la Escritura no establece ninguna norma sobre quién debería ser bautizado, pero tenemos enseñanzas escriturales, principios y práctica para guiarnos.
Si se busca un mandamiento, hay tan solo uno, que yo sepa, y que demuestra demasiado, o sea, Mateo 28:19-20, que voy a citar: «Por tanto, id y haced discípulos a todas las naciones, bautizándolos al nombre del Padre, y del Hijo y del Espíritu Santo, enseñándoles que guarden las cosas que os he mandado...»
Pero no tiene nada que ver con la Iglesia o Asamblea, que es una reunión fuera de las naciones, sino que aquí tenemos el bautismo, por todo ello, extendiéndose más allá de la posición de la Iglesia. Pero nosotros lo estamos considerando en relación a la Cristiandad, la presente
dispensación10.
Lo que hemos visto es que el bautismo introduce a la persona sujeta a él, en el terreno de la Cristiandad, y que los hijos de padres Cristianos deberían estar allí, pues deben ser criados en este terreno, en sujeción a Cristo, y lo que he tratado de mostrar es que cuando un creyente bautiza su casa, está actuando escrituralmente, de acuerdo con los principios y enseñanzas en las Escrituras.
Si un creyente considera a sus hijos como meros pecadores, como al resto del mundo y por tanto rehúsa bautizarlos, esto es en oposición al principio que hemos estado considerando, «tú y tu casa», conectado con bendiciones gubernamentales; y si dice que puede criarlos en la disciplina y amonestación del Señor, es rechazando el otro principio que hemos considerado, ignorando la esfera en que el pecado nos ha colocado como hijos de Adán, y que no podemos ser introducidos a una posición ni de relación externa con Dios aparte de la
muerte11 y no tan solo esto, sino que hemos visto que el bautismo está conectado con la Cristiandad, la frontera (por decirlo así) entre ésta y el mundo; y un Cristiano no debería nunca admitir el pensamiento de que sus hijos creciesen para el mundo, o se volviesen impíos, y si así se vuelven ¿no es él, el responsable de ello?
En Efesios 4 tenemos más instrucción en cuanto a este sujeto, y su consideración puede ser de ayuda. Tenemos tres cosas en el versículo 4, que están conectadas inseparablemente: «Un cuerpo», «Un Espíritu», «Una Esperanza». Estos no se pueden separar. Deben ir juntos. Entonces, también nos encontramos en el vers. 5 con otro círculo, y otras tres cosas allí conectadas entre sí que no pueden ser separadas, deben ir juntas como el versículo: «Un Señor», «Una Fe», «Un Bautismo». El vers. 4 incluye a todos los que pertenecen al Cuerpo de Cristo; el 5º versículo comprende a todos los que están bajo la autoridad de Cristo profesadamente. Un Cristiano debería (como la mayoría admitirá) criar a sus hijos en la fe de Cristo y enseñarles a reconocer su Autoridad, y como hemos visto, aquí es donde el bautismo entra, y no en relación con el Cuerpo y la Esperanza.
Pero se nos ha dicho: «Entonces deberían cambiar el orden del versículo y anteponer el bautismo al Señorío y a la Fe». La respuesta es: ¡NO! No tendría sentido, porque si no existiera antes el Señorío de Cristo y la Fe Cristiana, el bautismo no tendría significado, pero cuando tenemos un Señor y Cristo a quien bautizarlos, y hay la determinación de criarlos en la fe de Cristo, hay un significado evidente en bautizarlos sin tener que invertir el orden del versículo que estamos considerando.
Hay quien pueda razonar sobre esto, y deshacerse de lo que está bien claro en si mismo o, como a veces se hace, señalar los fallos posteriores de sus hijos, o de aquellos que han bautizado a los suyos, y al mal comportamiento de aquellos niños que han sido bautizados, y así continuar en oscuridad y confusión en cuanto a estas cosas, pero el posterior fracaso por parte de aquellos que habían hecho lo recto no transforma lo recto en torcido, ni altera en lo más mínimo la verdad escritural en cuanto a ello, de la misma manera que el fracaso de Elí no podría servir de razón a ningún Israelita para no circuncidar a un hijo suyo hasta que pudiera saber cómo se comportaría.
Si fuera cuestión de algo perteneciente a esta vida, o ganancia mundana, no razonarían ni actuarían así. Si un padre supiese que se podría asegurar de alguna ventaja material para su hijo, sería muy rápido en procurarla, sin esperar a que el niño creciera para ver si era digno o merecedor de ello, o deseoso de aceptarlo.
Pero alguno dirá «¿Qué ventaja hay en bautizarlos? ¿Qué bien les hacen sus privilegios si se vuelven impíos? ¿En qué particular son sus hijos mejores que los míos? ... etc.» Otra vez respondo: un padre Cristiano jamás debería permitir tales pensamientos sobre que sus hijos vayan a criarse impíos; él es responsable de que esto no sea así; pero, no obstante, los privilegios son privilegios para todo. El cómo la gente pueda usarlos no altera el hecho de que son reales y valiosos. ¿Qué hizo Israel con sus privilegios? Abusar de ellos vergonzosamente. «¿Qué ventaja tiene pues el Judío?, ó ¿de qué aprovecha la Circuncisión?» «Mucho en todas maneras» dice la Escritura (Ro 3:1-2)
Algunos pueden fallar en comprender la naturaleza y valor de estos privilegios; y en un día como el presente necesitamos paciencia y sobrellevarnos unos a otros, pero aquellos que lo conocen son responsables de valorarlo. Es necesario, también, que aquellos que insisten en que el bautismo de toda la casa es falso (y no faltan los que hablan de la manera más amarga y destructiva sobre ello) y en que el bautismo debe siempre seguir a la conversión, que sepan que no tan solo no tienen ninguna Escritura para lo
último12 sino que para lo primero, para su negación del bautismo de la casa, se oponen a la enseñanza, principios y práctica de la Escritura; porque en ella nos encontramos con personas bautizadas sin que nada nos autorice a decir que primero creyeron.
En aquellos días todos comprendían muy bien que al bautizarse eran hechos cristianos en cuanto a su posición exterior frente al mundo y en el mundo ante Dios, ó sea, eran introducidos en este terreno Cristiano, e introducían a sus casas con ellos. Si un Cristiano proveniente del Judaísmo no bautizaba a su casa, ella todavía permanecía en el Judaísmo, y lo mismo en el caso del proveniente del paganismo, la casa, si no era bautizada, permanecía en el terreno del paganismo, pero en el momento que eran bautizados, se cortaban sus primeras conexiones y participaban del rechazamiento de sus padres. Ellos eran también sacados del campamento rebelde y puestos bajo la autoridad de Cristo; y pudieran ser para ser «cortados por el enemigo» por la muerte (persecución) ó ser «bautizados por los muertos» (tomar el lugar de los caídos) como algunos lo eran en aquellos días.
No todos eran bautizados «por los muertos». El Apóstol no dice que los Cristianos lo fueran, sino que les pregunta –«que harán los que se bautizan– etc ... Si los muertos no resucitan». Lo dice en general pues los Corintios no sufrían persecución.
Alguien preguntará «¿Cómo pueden los niños vestirse de Cristo o ser bautizados por los muertos?». Pero déjenme preguntar a mí, si no están bautizados, ¿dónde están? Si un Judío es convertido y bautizado, pero no sus hijos, ¿dónde están ellos? Desde luego en el campo contrario –identificados con los rebeldes; sería, por tanto, un caso de fidelidad al Señor, como Lidia hizo, al sacarlos de allí, y una vez bautizados serían extraídos del Judaísmo y ya no más reconocidos por sus amigos en aquel sistema. Si un Judío estuviese así despertado a la realidad (como en Hechos 2) ¿Se contentaría con escapar él mismo de la esfera apóstata y condenada dejando allí a su familia? De seguro que no, sino que como en los tiempos de Egipto diría «no quedará ni una pezuña». No esperaría a ver si se convertían primero, o hasta que creciesen, para poder escoger entre Judaísmo y Cristianismo por ellos mismos.
Nos hemos fijado en la mayor parte de los casos de bautismo y los pasajes donde tiene lugar. Desde luego, si alguien insiste en que el bautismo debe necesariamente seguir a la conversión, y que no es la recepción al terreno Cristiano, no habrá comprensión del valor del bautismo de la casa, aunque ya hemos visto que era practicado desde el principio, y que los principios que justifican al Cristiano a bautizar a sus hijos están bien claramente enseñados por la Palabra de Dios; y que por la casa del Cristiano se quiere decir, aquellos por quienes él (ó ella) es responsable ante Dios, ó como se expresa en el caso del carcelero de Filipos, «todos los suyos». No todos los que estaban en la casa, que podría incluir (en el caso del carcelero) otros carceleros, siervos, amigos, etc.; Pablo habló a todos los que estaban en su casa y bautizó «a todos los suyos».
RESPONSABILIDAD
Fuera de la casa de un creyente no existe autorización para bautizar a nadie que no haya sido convertido primero; aun así la responsabilidad está sobre el que bautiza en todos los casos, y aunque el caso corriente hoy en día es que ni el bautizante ni el bautizado ni los padres del bautizado sean creyentes (como pasa en el catolicismo), aun así el primero actúa como siervo de Cristo, el bautizado es bautizado a Él, e introducido a la esfera de privilegio, conectado con Él, exteriormente, en la tierra y el acto no puede ser cancelado ó anulado. El que bautizó tendrá que dar cuenta de su acto como siervo de Cristo –habiendo tomado este lugar; el otro tendrá que dar cuenta como uno que ha entrado al terreno de la profesión cristiana, con sus privilegios. No es simple suposición. La Escritura la confirma. Nos encontramos en Apocalipsis 3 con que el Señor se dirige a la Iglesia de Sardis, como responsable, por estar en terreno Cristiano, y aun así , el Señor les dice que «estás muerto», pero su posición es la de ser una asamblea y tener «nombre de vivir».
Se admite generalmente que esta asamblea nos presenta al protestantismo en su carácter y condición general. Y sabemos que casi cada denominación, como también la Iglesia Anglicana, practica el bautismo cuando los sujetos a él son jóvenes o niños. Pero sean viejos o jóvenes, nos los encontramos en Apocalipsis 3 y el Señor se les dirige sobre el terreno de ser asamblea (aunque los que tienen vida también están allí, pues estos profesan ser de Cristo siéndolo); pero fueron introducidos en este terreno tan solo por el bautismo. Éste ha sido siempre el objeto del bautismo en la Iglesia Profesante (y en cuanto a esto han sido correctos); desde luego es la única manera en que uno puede ser introducido al terreno de la Cristiandad. Pero nos encontramos con que estos profesantes sin vida (bautizados en su mayor parte en la infancia) son tratados como responsables por estar en el terreno de la asamblea, lo que claramente muestra que su bautismo es válido, y que incurren en la responsabilidad ante Dios de responder de los privilegios a los que habían sido introducidos.
Nuevamente nos encontramos con otro caso en el Nuevo Testamento, de aquellos que están en relación con la Cristiandad, que actúan como siervos de Cristo tanto en Su casa como en el mundo, y que no son salvados (Mt 24:48 y 25.26). ¿Cómo llegaron a esta posición de ser juzgados como siervos de Cristo, y sus obras juzgadas por Él en condición de que son sus siervos? Esto demuestra otra vez que existe la esfera exterior conectada con el nombre y autoridad de Cristo sobre la tierra, completamente al margen de tener vida, y muestra la sin-razón de lo que se llama «rebautizar» porque el primer bautizante no fuera salvo ó porque los padres no fueran cristianos, ó porque el bautizado no fuera convertido. El bautismo es bueno ante Dios, como hemos visto, y si una persona se bautiza mil veces después ello no altera nada ni añade nada al bautizado, sino que el que se encarga de rebautizar está simplemente poniéndose como juez, sentenciando la obra de un compañero en la obra, juzgando antes de tiempo y diciendo prácticamente que él puede hacerlo mucho mejor. Los mismos principios se aplican a los padres no salvos que hacen bautizar a sus hijos; son responsables junto con el bautizante, como hemos visto, ya que profesan reconocer a Cristo y colocan a sus hijos bajo Su autoridad.
En este día de confusión y formalismo somos llamados a andar en separación de todo lo que no es de Dios ni es real para Él, por lo que debemos tener pensamientos escriturales sobre estas cosas, para que no vayamos a ser confundidos ó desviados de ellos.
No debemos abandonar lo que Dios nos ha dado porque los hombres lo hayan pervertido ó hayan abusado de ello.
Los cristianos a veces decimos: «Bien, pero la gente inconversa bautiza a sus hijos y nosotros no debemos actuar como ellos». También se podría decir que «tienen la Cena del Señor en los varios sistemas humanos, y en algunos casos conectada con error mortal: por tanto mejor abandonarla».
Nunca lograremos tener pensamientos claros si razonamos en base de la confusión que nos rodea, ni si razonamos a base de casos supuestos o ejemplos imaginarios. Sólo servirá para tropezar en el camino.
Tenemos principios y práctica escriturales, y nuestra sabiduría debe ser el mantenernos en ellos, y actuar sobre ellos, por mucho que puedan ir en contra de nuestros principios.
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Referencias
6 No existe en los MSS (manuscritos) de más antigüedad. En el NT griego de Bagsters se lee al margen: 8:37 om Gb. Sch. Ln. Tf. (omitido en los textos preparados por Griesbach, Scholz, Lachman, y Tieschendorf). La New Translation de JN Darby lo coloca al margen, no en el texto, admitiendo que es falso. También lo colocan al margen la Standard Italiana de Dott. Giovanni Lizzi, «la Catalana dels Monjos de Montserrat», la «Biblia de la Fundació Bíblica Catalana». Y aunque tanto la «Nacar Colunga» 6ª Ed., como la «Versión Moderna» de las Sociedades Bíblicas, lo dejan en el texto, en el margen indican inequívocamente que no está en los MSS de mayor antigüedad y autoridad. N. del T. Volver a nota 6
7 La Trad. Italiana de Giovanni Luzzi dice «e giubilada con tuta la sua casa, pche avea creduto in Dio» (singular). Darby afirma en el margen de su Biblia y de completo acuerdo con Young's Analitical Concordance, que la palabra usada aquí es un adverbio (PANOIKI) que se podría traducir «Rejoiced Householdly (Se regocijó familiarmente de haber creído a Dios)». En la estructura de este pasaje, toda la acción descansa en el carcelero. No quiere decir que la casa no se alegrase, pero él era quien se alegraba con su casa, habiendo creído a Dios. Además, el verbo «había creído» que hallamos en este versículo, tiene la particularidad de que en el original griego se usa en forma masculina, y singular en cuanto a número, pues los verbos griegos poseen estas características gramaticales, por lo que la acción de creer, en este pasaje en el original, queda delimitada al carcelero, no a la casa. N. del T. Volver a nota 7
8 En este contexto se comprende fácilmente Hebreos 6:1-8, pues no se trata de Cristianos renacidos, sino de profesantes, de los que se dice «gustaron del don celestial y fueron hechos partícipes del Espíritu Santo (de sus operaciones) gustaron de la buena Palabra de Dios y los poderes del siglo venidero...» pero recayeron al Judaísmo, porque no eran renacidos y no eran morada de Dios por el Espíritu. N. del T. Volver a nota 8
9 Hablamos siempre dentro del aspecto del gobierno de Dios en la tierra. Volver a nota 9
10 Este testimonio encomendado a los discípulos no es el de la iglesia, pues aun no se había manifestado este misterio de Dios, escondido aun, pues la nación judía iba a tener otra oportunidad (Hechos 3). «Este es el testimonio del reino y de su Cabeza, una vez rechazado por el pueblo que no le ha conocido. Conecta el testimonio a las naciones con un resto en Israel que reconoce a Jesús como Mesías, ahora resucitado de entre los muertos, como Él había dicho, pero no en su carácter de Cristo reconocido como ascendido. Y ya no se presenta a Jesús solamente, ni a Jehová, como sujetos del testimonio, sino la revelación del Padre, Hijo y Espíritu Santo como el santo nombre por el que las naciones están conectadas a Dios» (J.N.D. Synopsis) Notar que en Mateo no tenemos la ascensión del Señor, sino su promesa de permanencia con el fiel resto judío. Esto claramente lo conecta con el testimonio fiel del residuo judío (los 144000 de Apocalipsis) de la Tribulación a las naciones. Volver a nota 10
11 Antes, en el judaísmo, era la circuncisión como mandamiento. Ahora estando el judaísmo rechazado como apóstata, tenemos el bautismo que nos introduce por «la sepultura a muerte» a la relación externa de Dios en bendición gubernativa (terrena: tenemos trato con Él.) Volver a nota 11
12 Puesto que Hechos 8:37 es un añadido posterior. (ver nota 6) Volver a nota 12
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