Capítulo cuarto ——————— EXAMEN DE ALGUNOS TEXTOS
Me referiré brevemente a algunos pasajes que se citan a menudo en relación con el bautismo. Marcos 16:16 es un pasaje favorito de los que se oponen al bautismo de la casa, pero demuestra demasiado, porque –de acuerdo con él– una persona no está salvada hasta que está bautizada; pero ellos (los que se oponen al bautismo familiar) dicen que uno primero debe ser salvo y bautizado después. La verdad es que aquí el Señor considera la salvación en su aspecto total, tanto en el tiempo que estamos aquí como en la eternidad, y para ello son necesarias dos cosas. La más vital, y por ello la más importante, es la que se pone primero ó sea, la fe, y la otra es el bautismo; no es cuestión de cuál es la que viene primero con respecto al tiempo, sino que ambas tienen que existir, ambas tienen que ser cumplidas en una persona antes de que esté salvada en el sentido que aquí se habla. Desde luego es ciertísimo que una persona es apta para la gloria, –para el cielo– en el momento en que cree y, como el ladrón arrepentido en la cruz, podría ir directo al paraíso en virtud de la obra de Cristo; pero cuando se permanece en la tierra, tenemos otro aspecto; en ella existe aquel lugar en el que se profesa reconocer a Cristo, y en el que se reconoce la fe de Cristo, y si la tal persona no está en el lugar que le corresponde, debería ser introducida en él. Si ya previamente no estaba en esta esfera, naturalmente no puede ser introducido en ella hasta que cree; y si no está allí cuando cree, no está salvado (en lo que a su lugar en la tierra se refiere) hasta que esté bautizado y así introducido allí; y si es el cabeza de una familia, es su privilegio el introducir a esta esfera a sus hijos también, e instruirlos en la fe de Cristo, contando con el Señor para que les de vida y fe. Cuando esto último sucede, ambas cosas son ciertas en ellos: Son creyentes, y están bautizados; esto es lo que Marcos 16.16 nos enseña. No es de fe el decir «esperaré primero para asegurarme de que mis hijos tengan fe o vida eterna y los bautizaré después de ello», aunque –desde luego– si no han sido bautizados antes deben serlo entonces. Este versículo está en completa armonía con el bautismo familiar, como naturalmente todas las partes de la Escritura lo están entre sí.
Mr 16:16 dice «el que creyere y fuere bautizado será salvo, mas el que no creyere será condenado». Hay que tener muy en cuenta que primero dice creer, después ser bautizado y al final ser salvo. Nunca dice el que crea y por tanto sea salvo, ese ha de ser bautizado; por lo que en este pasaje, la cuestión no es la salvación del alma, aquí el bautismo es con vistas a la salvación, en expectativa.
De manera que este verso prueba que hay una salvación y una esfera, un terreno de salvación.
Hay que recordar que la expresión salvación no se usa exclusivamente para designar la salvación del alma sino también para proponer un caminar o un proceso de santificación. Recordemos que 1 Ti 2:15 dice que la mujer se salvará engendrando hijos si permaneciere en la fe y caridad y santidad, con modestia.
La Palabra de Dios no dice: bautícese el que haya recibido perdón de los pecados; en Hch 2:38 dice «arrepentíos y bautícese cada uno de vosotros en el nombre de Jesucristo para perdón de los pecados», es decir, no bautizarse recibiendo antes el perdón de los pecados, sino recibiéndolo después.
En Hch 22:16 dice «ahora, ¿por qué te detienes? Levántate y bautízate y lava tus pecados invocando su nombre». De algún modo, Pablo había creído pero de otro modo sus pecados permanecían pegados a él para entonces ser quitados por el bautismo; y eso es porque hay una esfera de bendición y una esfera de maldición. Evidentemente la esfera de maldición es el terreno en el que ha quedado el Judaísmo rechazando al Cristo y las naciones todavía en idolatría y rechazo de Dios. En cambio, recordemos que existe un tercer terreno: la Iglesia de Dios, la Asamblea, con la cual actualmente el Señor tiene relación.
Por tanto, y en vistas de que existe un juicio, un terreno de maldición sujeto a juicio, hay que ser sacado de ese terreno. Y, salir de ese terreno –terrenal propiamente dicho– es por medio del bautismo como así vemos.
1 P 3:21 dice que el bautismo nos salva. Pero, si todos sabemos que el bautismo no salva al alma, ¿en qué sentido nos salva?
Por supuesto que no salva, por que la salvación del alma es por medio de la fe en el poder de Dios. Pero, no obstante el bautismo salva, por eso debemos hablar de una esfera de salvación, aquella esfera en la cual Noé introdujo a todos sus hijos ¡incluido Cam!
En Hechos 8:13 Simón el mago fue bautizado. La Escritura dice: «también creyó Simón mismo, y habiéndose bautizado...», pero sabemos que no era creyente. Felipe no falló, le dio el bautismo en vista a su profesión externa. Aquí vemos dos cosas, creyó, fue bautizado, pero el paso definitivo se omite.
El perdón administrativo dado con el bautismo está relacionado con el caminar en la tierra, con esa profesión externa. No tiene nada que ver con el alma, ni siquiera si soy apto para el cielo.
No podemos decir: «he creído, soy salvo y debo bautizarme», no. La Escritura dice: «el que cree y es bautizado ese será salvo».
Estos pasajes nos vuelven a mostrar que el bautismo es en vista de la salvación, apuntando, dirigiendo y colocando al sujeto del bautismo con la mirada en dirección hacia la salvación.
Hechos capítulo 8 es otro pasaje que menciono para decir de paso que el versículo 37 (ver nota 6) es espurio y no pertenece a la Palabra de Dios, y que por tanto desvía a los que no saben esto.
Hechos 19:3-5 nos da un caso interesante e instructivo; nos enteramos de que el bautismo de Juan era cosa del pasado, y que en ninguna manera estaba relacionado con el bautismo Cristiano. Así que, como estos discípulos no estaban en terreno Cristiano, fueron por lo tanto bautizados «al nombre del Señor Jesús» (el de Juan era para los Judíos –separando al remanente que esperaba al Mesías– a arrepentimiento, sobre el terreno de un Mesías que venía a la tierra); entonces Pablo les impuso las manos y recibieron el Espíritu Santo. Deberíamos darnos cuenta de la pregunta que se hizo en el versículo 3 «¿a qué pues fuisteis
bautizados?»13 Pablo les preguntó esto porque al ver que eran discípulos vio que debían de estar bautizados, ya que no hubieran sido discípulos si no hubieran estado bautizados, pero «¿A qué?» les pregunta él; si hubieran estado bautizados a Cristo, estarían en un terreno Cristiano en el que operaba y habitaba el Espíritu Santo. Por lo que fueron recibidos por el bautismo (siendo bautizados a Cristo) y después de ello recibieron el Espíritu Santo.
Hay otro asunto al que me debo referir. A veces se hace la pregunta: «¿Es la aspersión bautismo?» Pero la verdadera cuestión es: ¿Lo reconoce Dios como bautismo? Hemos visto que si lo reconoce, en Apocalipsis 3, donde nos encontramos con
Sardis14, y sabemos que la mayor parte de las «Iglesias Protestantes» bautizaban por aspersión y así ha sido por cientos de años. ¿Ha sido esto en vano? ¿No significa nada ante Dios y Cristo? ¿No lo tomaban en buena fe como bautismo?
La Escritura, como ya hemos visto, no da ningún mandamiento en cuanto a quiénes tienen que ser bautizados (excepto en Mateo 28 donde tenemos «todas las naciones»), ó cómo se debe hacer. Ahora bien, lo que conocemos por las Escrituras es que el agente usado era el agua, y debemos guardar intacta esta práctica escritural, pero en cuanto a otros, «donde no hay ley no hay transgresión.» Si bautizan a la persona a Cristo, por agua, lo reconocen así. El acto es «bona fide» ante Él y ¿quiénes somos nosotros para anularlo o para pronunciarnos sobre sus méritos? No obstante, la prueba que hemos aducido de Apocalipsis 3 es en si sola prueba suficiente para satisfacer a cualquier mente honesta, pues vemos allí que Cristo se dirige a ellos (Sardis) como estando sobre el terreno Cristiano –el terreno de la Asamblea– aunque no tuvieran vida interna y estuvieran formados en su mayor parte por personas bautizadas en su niñez por aspersión, efusión o inmersión.
El ejemplo de Hechos 19 debería ser suficiente para convencer a cualquier Cristiano cuidadoso de que no debería recibir a la mesa del Señor a quien no estuviera bautizado. Siendo la Mesa del Señor la expresión de la comunión de los cristianos, y siendo la mesa del Señor, deberían participar sólo en ella aquellos que están en terreno Cristiano, aquellos que exteriormente están puestos bajo Su autoridad, aunque hay más restricciones que
éstas15.
Deberíamos considerar 1 Corintios 1:13-17. Aquí tenemos otra cuestión levantada por Pablo: a cuyo nombre habían sido bautizados. No a nombre de Pablo, ni en el caso de aquellos bautizados por él, pero para que ninguno dijese que había sido bautizado a su nombre, da gracias que ha bautizado a tan pocos entre ellos, añadiendo que su comisión era, no a bautizar, si no a predicar el evangelio, que era infinitamente más importante. Si algún oscuro hermano hubiera bautizado a los Corintios, no existiría el peligro tan grande, para sus mentes carnales, de usar su nombre para propósito y vanagloria de partido como el que existiría si hubiera sido Pablo. Pero hay otra cosa que encontramos aquí, y es que además de dos que son mencionados nominalmente, también había bautizado a la casa de Estéfanas. No se nos dice nada más de esta casa hasta que llegamos al capítulo 16:15, donde leemos «ya sabéis que la casa de Estéfanas es las primicias de Acaya; y que se han dedicado al servicio de los santos». Podría parecer por esta última Escritura que todos los de la casa de Estéfanas eran lo suficiente mayores para servir a los santos, y que por lo tanto habían pasado la edad infantil: pero la palabra usada en el original griego para la casa de Estéfanas en el primer capitulo es más amplia que la usada en el capítulo 16. Esto nos indicaría que toda la casa de Estéfanas fue bautizada; pero sólo una parte, quizá por la exclusión de los pequeños, se entregaron al servicio de los santos. O sea, que nuevamente las Escrituras guardan silencio sobre quienes componían la casa de Estéfanas y sobre su condición espiritual.
Me referiré a algunas Escrituras que, aunque no aluden al bautismo, ilustran los principios conectados con el bautismo de la casa de un creyente, y la importancia de ello. Hay los que tratan el bautismo como si no tuviera importancia cuando se bautiza una persona, o si se bautiza o no. Está muy bien el decir que no estamos bajo la ley, sino bajo la gracia, pero esto no es una excusa para el descuido y la indiferencia.
Cuán a menudo oímos de personas que, al cabo de llevar un tiempo a la mesa del Señor, se bautizan cuando lo creen más conveniente; a otros se les hace esperar hasta que pueda haber una ceremonia pública, por llevar la idea de que es una confesión pública de estar muerto y resucitado con Cristo. Es cierto que estamos bajo la gracia, y llamados a la libertad, pero es a la libertad de hacer la voluntad de Dios, de entender Su voluntad, andando y actuando en el principio de la fe, y no de la ley, y esto en el bautismo como en todo lo demás.
La primera Escritura que voy a presentar es Éxodo 4:24-25, donde tenemos a Moisés en su camino a Egipto, como un ejemplo impresionante de la importancia de admitir lo que Dios ha dado y la diferencia entre sus propósitos y su objetivo en gracia, y sus caminos en gobierno. Hacía poco que Moisés había estado en la presencia de Jehová, y Él le había comunicado Su propósito respecto a Israel, pero ahora procura matarle porque había negligido circuncidar a su hijo –influenciado evidentemente por su esposa; pero él era responsable, como cabeza de la casa, y Dios no iba a consentir que tuviera en poco lo que Él había dado. Moisés debe aplicar este acto significativo a su propia casa, pues había sido dado a Abraham en relación con la mismísima cosa para la que Moisés era enviado a Egipto: la bendición de la simiente de Abraham en Canaán. Era signo del pacto entre Él y Abraham, y los niños incircuncisos debían ser «cortados» (Gn 17:14). Era serio para el padre y para el hijo el negligir aquello; y aun así el Cristiano pregunta «¿Qué diferencia hay para un niño inconsciente, si se le bautiza o no?» Y otros se atreven a decir que el hijo de un creyente está ya por su nacimiento introducido a todos los privilegios de la Cristiandad, citando 1 Corintios 7:14 «...ahora son santos». También el niño hebreo era santo (esto es, santo en relación a su esfera y relación) por su nacimiento, pero si los padres descuidaban la Circuncisión, ¿de qué le servían sus ventajas y privilegios? Debía ser «cortado».
También tenemos ejemplos, en la Escritura, y también relacionados con el gobierno divino, de cómo se acepta la fe de uno para la bendición del otro, y estos ejemplos nos dan principios que se aplican al bautismo de la casa de un creyente.
En la primera parte de Mateo 9 tenemos al hombre paralítico que recibe perdón gubernamental y, como consecuencia perfecta curación, por la fe de otros. Dice allí: «Viendo Jesús la fe de ellos». Está bien claro que fue el traer al paralítico que manifestaron la fe que tenían, y por ella fue el hombre bendecido. Otro caso es el de Hechos 3, en el que el cojo es curado por Pedro. En el versículo 16, Pedro explica cómo fue esto efectuado. Dice ... «la fe que es por Él ha dado completa sanidad a este hombre», pero pregunto ¿dónde estaba la fe en su Nombre? No en el hombre, sino en Pedro. Es posible que el resultado fuera que el hombre recibiera fe, pero esto no se nos dice, y ciertamente que su fe no fue la base de su curación. Fue por el nombre de Cristo y por la fe en Su nombre por parte de Pedro; y la bendición así recibida estaba relacionada a los caminos del gobierno de Dios. El perdón administrativo, como en Mateo 9, se manifiesta por el mismo principio.
Mientras que nos mantenemos firmemente en la bendita verdad de la gracia soberana de Dios y de su elección en amor, manifiesta en Su trato hacia nosotros, que no teníamos ningún derecho a nada, aun así debemos también mantener los principios de Su Gobierno sobre el mundo, tal como está manifestado en Sus caminos en el pasado, y registrado en la Escritura para nuestra amonestación. Mientras que nos deleitamos en Su gracia y Su amor, la fuente de toda bendición, reconocemos Su gobierno, mientras que esperamos la gloria de Su venida, el fin bendito de Sus caminos en gracia y gobiernos en los que a los Suyos concierne.
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Referencias
13 «¿A qué?» (eis ti), no «¿En qué?» Volver a nota 13
14 Para no hablar de Roma, el sistema más corrompido juntamente con el protestantismo liberal y ecuménico, al que Dios también se dirige como Asamblea puesto que también reconoce su bautismo. (Ver pág. 25 y 26). Si Dios juzga a Roma como a una Asamblea suya en profesión (TIATIRA), es porque las que lo componen están en terreno de responsabilidad cristiana, introducidos allí por el bautismo. Volver a nota 14
15 Esto ya entra dentro del campo de la disciplina en la Asamblea. Ante todo, el que se acerca a la mesa del Señor, debe tener vida eterna en Cristo, debe haber tomado su lugar ante el mundo como cristiano, por medio del bautismo (y también para el Gobierno de Dios), debe llevar una vida consecuente, separada tanto de iniquidad doctrinal como moral. N. del T. Volver a nota 15
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