Capítulo quinto —————— LA NECESIDAD DE LA ETIMOLOGÍA
La cuestión de las palabras griegas
En los Clásicos, la Septuaginta, los escritos Apócrifos del Antiguo Testamento, el Nuevo Testamento y los escritos de los padres griegos, las palabras «baptö», «baptizö» y sus derivados se emplean de tal manera que se demuestra que no hay ninguna autorización ni razón para pretender que el mandamiento a bautizar sea un mandamiento a sumergir.
Desde la Reforma y del surgimiento de los Bautistas como denominación distinta, que mantienen que «bautizar es sumergir y que sumergir es bautizar», el sentido de las palabras griegas en cuestión ha sido objeto de discusión.
Aquí trataré de mostrar el uso que siempre han tenido las palabras griegas en cuestión:
El uso en los clásicos
En cuanto al uso de las palabras en los clásicos griegos, observamos claramente que «baptö» significa: (1) Sumergir. (2) Teñir sumergiendo. (3) Teñir sin tener consideración al modo en que se hace: como se dice de un lago que es bautizado (esto es, teñido) por la sangre derramada sobre el mismo; se dice de una ropa que está bautizada por material colorante que caiga sobre la misma. (4) También significa dorar; también barnizar, como cuando se recubren cacharros con cualquier material vítreo. (5) Mojar, humedecer o lavar. (6) Templar, como se templa el hierro candente; y esto se puede hacer sumergiendo o derramando encima. Templado (hupo elaiou), no significa sumergido en aceite, sino derramado encima. (7) Empapar, embeber, impregnar, imbuir. Se dice de la mente que está bautizada con fantasías; no sumergida en las mismas, porque es «hupo tön phantasiön». De un hombre se dice que está «imbuido con justicia». Esto no puede significar «sumergido». Por ello, es evidente que el mandamiento a bautizar, hecho en el uso de la palabra «baptö», no se puede limitar a un mandamiento a sumergir, zambullir o hundir.
En cuanto al uso clásico de «baptizö», significa, (1) Sumergir o hundir. Se emplea muy frecuentemente cuando se habla de barcos como hundidos o sepultados en el mar. Entonces se dice de ellos que están bautizados. (2) Inundar o cubrir con agua. Se dice que la costa es bautizada por la marea alta. (3) Empapar, humedecer. (4) Derramar o dejar calado. (5) Verse abrumado o dominado. Por ello, se dice que los hombres son bautizados con vino (hoi bebaptismenoi son los embriagados), con opio, con deudas, con preguntas difíciles. Del vino se dice que es bautizado cuando se le echa agua.
La palabra «baptizö» pertenece a aquella clase de palabras que indican un efecto a producir sin expresar la clase de acción mediante la que se debe conseguir el efecto. Por ejemplo la palabra «enterrar». Un muerto puede ser enterrado introduciéndolo en un hueco cavado en tierra y cubriéndolo; poniéndolo en una cueva; poniéndolo en un sarcófago; introduciéndolo en un nicho, o, incluso, como entre los indios de América, poniéndolo sobre una plataforma elevada sobre el suelo. El mandamiento de enterrar se puede llevar a cabo de cualquiera de estas maneras. Lo mismo con respecto a la palabra «baptizö»; se debe producir un efecto determinado, sin ninguna instrucción específica en cuanto a la manera; sea por inmersión, por efusión o por aspersión.
la Septuaginta y los Apócrifos
Estas palabras son de uso infrecuente en la versión griega del Antiguo Testamento. En 2 Reyes 5, tenemos la historia de Naamán el Sirio, que acudió al profeta para ser sanado de su lepra. «Eliseo le envió un mensajero, diciendo: ve y lávate siete veces en el Jordán» (v. 10). Este pasaje nos ofrece la prueba de que bautismo y lavamiento son cosas idénticas. El mandamiento a lavarse fue obedecido bautizándose. La Vulgata latina no cambia las palabras en ambos pasajes, «Vade et lavare septies in Jordane» (v. 10). «Descendit et lavit in Jordane septies» (v. 14). La Septuaginta tiene «lousai» en el v. 10, y «ebaptisato» en el v. 14.
En Daniel 4:33 se dice que el cuerpo de Nabucodonosor «se mojaba (bautizaba, ebaphë, [LXX. vers. 30]) con el rocío del cielo». Aquí se excluye totalmente la idea de sumergir.
La palabra «baptö», cuando significa sumergir, no incluye necesariamente la idea de una inmersión total. Frecuentemente, todo lo que se quiere expresar con la palabra es un mero toque o inmersión parcial; como en Levítico 4:17: «Mojará (bapsei) el sacerdote su dedo en la misma sangre.» Levítico 14:6: «Después tomará la avecilla viva, el cedro, la grana y el hisopo, y los mojará con la avecilla viva en la sangre de la avecilla muerta sobre el agua viva.» Todas estas cosas no podían ser sumergidas en la sangre de un ave. Booz le dijo a Rut, a la hora de la comida «Moja (bapseis) tu bocado en el vinagre» (Rt 2:14). Josué 3:15: «Los pies de los sacerdotes que llevaban el arca fueron mojados (ebaphësan) a la orilla del agua». 1 Samuel 14:27: Jonatán «mojó» (ebapsen) el extremo de la vara que tenía en la mano «en un panal de miel». Salmo 68:23 (24): «Tu pie se enrojecerá en la sangre de tus enemigos.» Estos ejemplos demuestran que incluso «baptö», tal como se usa en la Septuaginta, no connota, cuando significa sumergir, la idea de una inmersión completa.
«Baptizö», además del pasaje ya citado de 2 Reyes 5:14, sólo aparece en la Septuaginta en Isaías 21:4, donde en griego dice «he anomia me baptizei», «la iniquidad me bautiza (o, abruma)».
Esta palabra aparece dos veces en los Apócrifos Eclesiástico 34:30 y Judit 12:7. En Eclesiástico, la expresión es «Baptizomenos apo nekrou», «bautizado de un cuerpo muerto», esto es, purificado de la impureza contraída por tocar un cadáver. En Números 19:11-13 aprendemos que esta purificación se llevaba a cabo rociando las cenizas de una vaca. (Véase v. 9, y cp. He 9:13). En Nm 19:13 se dice «Todo aquel que toque cadáver de cualquier persona, y no se purifique, el tabernáculo de Jehová contaminó, y aquella persona será cortada de Israel; por cuanto el agua de la purificación no fue rociada sobre él, inmundo será; y su inmundicia será sobre él.» El agua de separación era el agua en la que se habían mezclado las cenizas de la vaca alazana, tal como se describe en la primera parte del capítulo. Y era la aspersión del agua la que llevaba a cabo el bautismo, o purificación, de la persona contaminada.
El pasaje de Judit dice, «ebaptizeto en të parembolë epi tës pëgës tou hudatos», «se bautizó [a sí misma] en el campamento en una fuente.» Si fuera cosa establecida que baptizö siempre significa sumergir, entonces este pasaje afirmaría que Judit se sumergió en la fuente. Pero si, como lo creen la vasta mayoría de los cristianos, esta palabra significa frecuentemente lavar o purificar, sin consideración a la manera en que tiene lugar la purificación, entonces el pasaje no puede ser tomado como diciendo nada más sino que Judit se lavó en la fuente. Además, un campamento lleno de soldados no parece ser precisamente el lugar apropiado para que se bañara una distinguida dama. Según la narración, la tierra había sido invadida por una inmensa hueste de asirios bajo el mando de Holofernes. La resistencia parecía imposible, e inminente la total destrucción. En esta emergencia, una mujer joven, rica y hermosa, ardiendo de celo por su país y religión, decidió hacer un desesperado esfuerzo por la salvación de su pueblo. Con este propósito, y vestida de la manera más atractiva, se dirigió al campamento enemigo y se presentó ante Holofernes, prometiéndole ayudarlo en la conquista de la tierra. El general asirio, seducido por su encanto, la trató con gran deferencia. Ella quedó sin ser molestada en su tienda durante tres días, pero se le permitió acudir a la fuente, de noche, para lavarse. Al cuarto día fue invitada a una gran fiesta, en la que Holofernes bebió excesivamente, de manera que cuando los huéspedes se hubieron retirado y el general estaba sumido impotente en su borrachera, Judit, ayudada por su criada, le cortó la cabeza, y la llevó al campamento de su propio pueblo. Esto llevó a la derrota de los asirios y a la liberación de la tierra.
El uso del Nuevo Testamento
La palabra «baptein» se usa cuatro veces en el Nuevo Testamento, y en ningún pasaje expresa la idea de una inmersión total. En Lc 16:24 «Que moje (bapsë) la punta de su dedo en agua.» Cuando se moja la punta del dedo con agua, no se sumerge. Juan 13:26 habla dos veces de mojar el bocado (bapsas y embapsas). Pero un bocado que se sostiene con los dedos sólo es sumergido de manera parcial, se moja sólo aquello que se va a llevar a la boca. En Apocalipsis 19:13 el significado obvio de las palabras «peribeblëmenos himation bebammenon haimati» es «Está vestido de una ropa teñida de sangre.» La alusión aquí es a Isaías 63:1-3 «¿Quién es éste que viene de Edom, de Bosrá, con vestidos rojos? ... ¿Por qué es rojo tu vestido, y tus ropas como del que ha pisado en el lagar? He pisado yo solo el lagar, ... los hollé con mi furor; y su sangre salpicó mis vestidos, y manché todas mis ropas.» Así, en este caso el bautismo es por aspersión.
«Baptizö» aparece en el Nuevo Testamento unas ochenta veces; «baptisma» unas veinte veces; y «baptismos» cuatro veces. Por cuanto todos admiten que el bautismo puede efectuarse por inmersión, y por cuanto las purificaciones bajo el Antiguo Testamento (llamadas por el Apóstol, en Hebreos 9:10, en griego, «diversos bautismos») eran llevadas a cabo por inmersión, efusión y rociamiento, no sería sorprendente que en algunos de estos numerosos pasajes, el bautismo al que se hace referencia, implicara necesariamente la inmersión. Pero resulta, o así lo ha dispuesto el Señor, que no hay ningún pasaje de esta naturaleza en todo el Nuevo Testamento. Los lugares en los que aparecen estas palabras se pueden clasificar en las siguientes clases: (1) Aquellos en los que, tomados aisladamente, la presunción es en favor de la inmersión. (2) Aquellos en los que la idea de la inmersión queda necesariamente excluida. (3) Aquellos que no son decisivos por sí mismos, pero en los que la presunción es total en favor de la efusión.
1. A la primera clase pertenecen aquellos pasajes que hablan de personas bautizadas al ir al (eis) agua, y «subió luego del agua» (Mt 3:16; Hch 8:38, 39). Pero estos pasajes tienen que ser aislados a fin de crear una presunción en favor de la inmersión. Según los antiguos relatos, la manera común de bautizar era que la persona entrara en el agua, y entonces se le derramaba agua en la cabeza, y luego salía fuera del agua, no incomodada en absoluto por unos vestidos empapados. Y cuando recordamos que se dice acerca de Juan que «acudían a él de Jerusalén, de toda la Judea, y de toda la región de alrededor del Jordán, y eran bautizados por él en el Jordán, confesando sus pecados» (Mt 35, 6), parece físicamente imposible que debiera haber sumergido a toda esta multitud. Cuando se toman todas las circunstancias en consideración, la presunción en favor de la inmersión desaparece, incluso en esta clase de pasajes.
2. La segunda clase de pasajes, aquellas de las que está excluida la idea de la inmersión, incluye todas aquellas que tienen que ver con el bautismo del Espíritu. Se dice con frecuencia que el Espíritu es derramado sobre los hombres; pero de los hombres nunca se dice que sean sumergidos o hundidos en el Espíritu Santo. Esta idea es totalmente incongruente. Así, cuando se dice que los hombres son bautizados por el Espíritu Santo, como sucede tan a menudo, la referencia tiene que ser a la efusión del Espíritu Santo, mediante la que el alma es purificada de pecado. Por cuanto el Espíritu Santo es una persona, y no una mera influencia o fuerza, la preposición «en» empleada en este contexto (Mt 3:11; Mr 1:8; Jn 1:33; Hch 1:5; 11:16; 1 Co 12:13) tiene que tener su sentido instrumental. La obra que el Espíritu Santo efectúa en nosotros es un bautismo. Así como el agua en manos de Juan era el medio purificador para el cuerpo, de la misma manera el Espíritu Santo, enviado o dado por Jesucristo, purifica el alma. El bautismo «en pneumati», en lugar de ser entendido como significando un bautismo mediante o con el Espíritu, se hace significar «en la esfera del Espíritu», y el bautismo «en puri», bautismo «en la esfera del fuego». Se contrastan el bautismo de Juan y el de Cristo. El primero bautizaba con agua, el otro con el Espíritu Santo. En Hechos 15 se dice que «Juan ciertamente bautizó con agua («hudati», el simple instrumental dativo), mas vosotros seréis bautizados (en Pneumati hagiö) con el Espíritu Santo dentro de no muchos días.» Por cuanto bautizar (hudati) no puede significar sumergir en agua, tampoco bautizar (en tö Pneumati) puede significar sumergir en el Espíritu. El hecho es que «baptizein» no expresa ningún modo particular de acción. En cuanto a teñir, expresa cualquier acción mediante la que se dé color a un objeto; enterrar, cualquier clase de acción mediante la que se oculte y proteja un objeto; lo mismo bautizar expresa cualquier acción mediante la que una persona sea llevada al estado de estar mojada, purificada, o incluso embriagada, como por opio o vino.
Otro pasaje en el que aparece esta palabra, en el que está ausente la idea de inmersión, es 1 Corintios 10:1,2: «Nuestros padres todos estaban debajo de la nube, y todos pasaron por en medio del mar; y todos fueron bautizados a Moisés en la nube y en el mar» (V.M.). El pueblo pasó a través del mar a pie enjuto. Por lo que se pueda saber, ni una gota de agua los llegó a mojar. La nube a la que se hace referencia era indudablemente la columna de nube de día, y la columna de fuego de noche, que condujo al pueblo a través del desierto. El sentido sencillo y generalmente aceptado de este pasaje es que así como una persona es traída, mediante el bautismo Cristiano, al número de los discípulos profesantes y confesos de Cristo, así los hebreos fueron traídos, mediante las manifestaciones sobrenaturales del poder divino que se especifica en este pasaje, a la relación de discípulos y seguidores de Moisés. No hay alusión en este caso ni a inmersión, ni a efusión ni a aspersión.
Otro pasaje que pertenece a esta clase es Marcos 7:4, «Y de lo que viene del mercado no comen a menos que lo laven (baptisöntai); y hay muchas otras cosas que han recibido para observarlas obligatoriamente, como lavamientos de copas, jarros, vajilla de cobre y divanes para comer (klinön)». Mantener que se sumergían las camas o los divanes es un mero acto de desesperación. El bautismo significa aquí, como en todas las otras partes cuando se emplea para denotar un rito religioso, una purificación simbólica mediante agua, sin la menor referencia al modo en que se llevaba a cabo esta purificación.
3. La tercera clase de pasajes incluye todos aquellos en los que la idea de la inmersión, aunque no queda totalmente excluida, es totalmente improbable. El difunto doctor Edward Robinson, la mayor autoridad acerca de todo lo que tiene que ver con todo lo que se relaciona con la topografía y la geografía física de Palestina y con los hábitos de sus habitantes, hasta allí donde están determinados por la naturaleza del país, dice (1) «Se excluye por lo general la idea de baños privados en familias en Jerusalén y Palestina». (2) «En Hch 2:41, se dice que tres mil personas fueron bautizadas en Jerusalén aparentemente en un día, en la época de Pentecostés, en junio, y en Hechos 4:4 se implica necesariamente el mismo rito con respecto a cinco mil más. En estos casos tenemos, en contra de la idea de la inmersión, una dificultad insuperable, por la escasez de agua. En verano no hay ningún arroyo con agua corriente en las cercanías de Jerusalén, excepto el riachuelo de Siloam, de unas pocas varas de longitud; y la ciudad tiene su suministro de agua procedente de cisternas y depósitos públicos. No se hubiera podido obtener una cantidad suficiente de ninguna de estas fuentes para la inmersión de ocho mil personas. La misma escasez de agua impedía el uso de baños privados de manera general, y así también se excluye adicionalmente la idea de bañarse» en pasajes como Lc 11:38; Mr 7:2-8. Él confirma su conclusión observando además (3) «En las más antiguas versiones latinas del Nuevo Testamento, como por ejemplo la Itálica, que Agustín consideraba como la mejor de todas, y que aparentemente se remonta al siglo segundo y a unos usos relacionados con la era apostólica, el verbo griego «äbaptizö» es uniformemente transcrito en la forma latinizada «baptizo», no traduciéndose nunca como «immergo», ni con ningún otro término similar, mostrando que había algo en el rito del bautismo con el que estos términos no se correspondían. (4) Las fuentes bautismales que todavía se ven entre las ruinas de las más antiguas iglesias griegas en Palestina, como en Tekoa y Gofna, y que pertenecen a una época muy primitiva, no son lo suficientemente grandes como para admitir el bautismo de adultos por inmersión, y es evidente que nunca estuvieron dirigidas a tal fin.
Por ello, es sumamente improbable que los miles mencionados en los primeros capítulos de Hechos fueran bautizados por inmersión. La misma improbabilidad la tenemos en el caso del centurión en Cesarea y del carcelero de Filipos. Con respecto al primero, Pedro dijo «¿Puede acaso alguno impedir agua?», lo que implica naturalmente que el agua debía ser traída a Cornelio, y no él ser llevado al agua. En cuanto al carcelero, se dice (Hch 16:33) que él y todos los suyos fueron bautizados dentro de la cárcel, como lo implica la narración misma, a medianoche. Y tenemos la misma improbabilidad en contra de la suposición de que el eunuco mencionado en Hechos 8:27-38 fuera bautizado por inmersión. Estaba entonces viajando por una zona desierta del país hacia Gaza cuando Felipe se encontró con él. «Y yendo por el camino, llegaron a cierta agua («epi ti hudör», a algo de agua)». No se conoce en toda la región ninguna corriente de agua que sea suficientemente profunda para permitir la inmersión de un hombre. Desde luego, es posible que hubiera podido existir un depósito o estanque en aquella zona, pero es algo que se debe suponer sin evidencia y contra lo probable. Se dice que «descendieron al agua» y que «subieron del agua». Pero esto también podría decirse aunque el agua no fuera suficientemente profunda para cubrir los tobillos.
Es cosa notoria que las varias abluciones prescritas por la ley de Moisés eran a veces llevadas a cabo por inmersión, a veces por efusión, y a veces por rociamiento. Y no es menos cierto que los escritores sagrados llaman a todos estos modos de purificación (diaphoroi baptismoi), como en Hebreos 9:10 y Marcos 7:4.
Así, por lo que respecta al Nuevo Testamento, no hay un solo caso en el que bautismo implique necesariamente inmersión; hay muchos casos en los que este sentido es totalmente inadmisible, y muchos más en los que es improbable en grado sumo. Si la inmersión fuera indispensable, ¿por qué no se emplea la palabra «kataduö» para expresar el mandamiento? Si se quisiera expresar rociamiento de manera exclusiva, ¿por qué no emplear «rhainö» o «rhantizö»? Simplemente por cuanto el modo no es nada y la idea lo es todo, que se escogió una palabra que incluye todos los modos en que se puede aplicar agua como medio de purificación. Y ésta es la palabra «baptizö», para la que no hay sustituto legítimo, y por ello esta palabra ha sido retenida por todas las Iglesias de la Cristiandad, incluso por los mismos Bautistas.
El uso patrístico
Éste es un campo denso y enmarañado, en el que cualquiera puede encontrar lo que quiera buscar, excepto si busca una prueba de que los padres siempre emplearan la palabra «baptizö» en el sentido de inmersión. Hablan ellos de las aguas del caos como bautizadas por el Espíritu de Dios que se movía sobre ellas; fueron por ello santificadas y les fue impartido a las aguas un poder santificador. El único punto de interés aquí es que Tertuliano, por ejemplo, consideraba esto como «baptismi figura», una figura del bautismo. El punto de semejanza no era, desde luego, la inmersión.
Pero además de esto, Suicer da de los escritos de los padres no menos que ocho «significados de la palabra bautismo (vocis baptisma significationes)», ilustrándolos copiosamente. (1) El diluvio fue un bautismo, no sólo para el mundo, purificándolo de sus pecados, sino también para Noé y su familia, como medio de salvación. Así como ellos fueron salvados por las aguas, que levantaron el arca, así nosotros somos salvos por el bautismo. (2) El bautismo de Moisés cuando pasó a través del Mar Rojo. El mar era el símbolo del agua del bautismo; la nube, del Espíritu Santo. (3) El de los hebreos, por cuanto entre ellos toda persona o cosa impura, eloueto hudati, era lavada con agua. Este lavamiento, se hiciera como se hiciera, era un bautismo. (4) El bautismo de Juan, que era considerado como introductorio, no espiritual, no comunicando el Espíritu, sino simplemente para arrepentimiento. (5) El bautismo de Jesús «Baptizei Iësous, all' en pneumati». Aquí se excluye la inmersión. (6) De lágrimas, (dia dakruön). «Conozco un quinto», dice Gregorio Nazianceno, «por lágrimas, pero muy laborioso, cuando alguien lava (ho louön) su almohada y su cama cada noche con sus lágrimas». (7) De sangre. Los mártires fueron bautizados con sangre. La cruz y la muerte de Cristo fueron llamadas Su bautismo, por cuanto mediante ellas hizo la purificación por los pecados de los hombres. (8) El bautismo de fuego. Esto es a veces entendido del Espíritu Santo, que purifica como purifica el fuego; otras veces, de la final conflagración cuando la tierra será purificada con fuego. Así, para los padres el bautismo era el acto de purificación, y no simplemente ni sólo el acto de inmersión.
Conclusión
No se niega que «baptizein» signifique sumergir, ni que se emplee frecuentemente en este sentido por parte de los padres y por parte de los autores clásicos; no se niega que el rito Cristiano fuera a menudo administrado, después de la era apostólica, por inmersión; ni siquiera se niega que, durante ciertos períodos de la historia de la Iglesia, y en ciertas regiones, fuera la inmersión el método común por el que se administraba el bautismo. Pero se niega que la inmersión sea esencial para el bautismo; que fuera el método común en las iglesias Apostólicas; que fuera en cualquier tiempo ni en cualquier parte de la Iglesia el método exclusivo; y más especialmente, se niega que la inmersión sea ahora y en todas partes obligatoria ni necesaria para la integridad del bautismo Cristiano.
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