– Tratados Doctrinales –
Los siguientes tratados doctrinales están ya publicados por -FE- en soporte papel:
EL REINO DEL REY AUSENTE «LAS PARÁBOLAS DEL REINO» (F.W. Grant)
—Obra de incalculable valor por sus mayúsculas reflexiones acerca de las parábolas del capítulo 13 de Mateo.
Alguien ha dicho, y nosotros estamos totalmente de acuerdo, que si el cristiano comprendiera la diferencia entre la Iglesia e Israel y cuándo el Nuevo Testamento se refiere a uno u otro, muchas bombillas se encenderían en la oscuridad de la actual confusión en la cristiandad. Pues bien, el autor, erudito en griego y con gran conocimiento y comprensión de la Escritura, pone a nuestro alcance estas verdades.
Pronto, nos será familiar la expresión «Los Misterios del Reino».
SOBRE LA FORMACIÓN DE IGLESIAS (J.N. Darby)
—En estos últimos días de ruina en la cristiandad se actua como en la época de los jueces, en que «cada uno hacía lo que bien le parecía», ignorando que tenemos instrucciones en la Palabra de Dios para la condición caida de la actual dispensación.
¿Puede el hombre restaurar esta dispensación en ruina?¿Autoriza la Escritura el nombramiento de pastores y ancianos?¿Cómo deben reunirse los hijos de Dios?¿Cuál es la mente de Dios en cuanto a esto?
J.N. Darby, a partir de un profundo conocimiento de las Escrituras, pocas veces igualado, nos muestra lo que la Palabra provee para este estado de cosas.
Quizá sea el momento de dejar de hacer «cada uno lo que bien le parece»
EL SIERVO VIGILANTE (J.N. Darby)
—Este escrito ha sido preparado a partir de las notas tomadas en una predicación sobre la venida del Señor, de J.
N.Darby. La esperanza actual del regreso del Señor Jesús se nos presenta como una verdad práctica que caracteriza toda la vida del cristiano.
La enseñanza de la Escritura tocante a la venida del Señor Jesús se halla constantemente amenazada en el tiempo actual, y existen muchas declaraciones oscuras que se han sostenido al respecto. Se ha llamado a esta enseñanza
«darbista» o «dispensacionalista», y el arrebatamiento de los santos se ha considerado un mito. Esta obra ofrece al lector la oportunidad de considerar tal doctrina examinada a la luz de las Escrituras.
Esperamos que todos los que saquen provecho de este escrito sepan divulgarlo, ayudando a mantener encendida la esperanza de la venida de Cristo.
MÚSICA INSTRUMENTAL «¿Tiene sanción bíblica la música instrumental en el culto y testimonio cristiano?» (C.H. Brown)
—Durante los cincuenta años en los que el autor de este folleto ha permanecido entre cristianos reunidos solamente en el nombre del Señor, de acuerdo con la promesa de su presencia en medio de dos o tres
(Mt 18:20), ha presenciado repetidos intentos para llegar a introducir la música instrumental como un auxiliar para el testimonio evangélico. Hasta ahora estos esfuerzos han sido limitados a las actividades de las escuelas dominicales, trabajo misionero, reuniones juveniles, cultos de evangelización, casamientos y funerales.
Considerando que esta tendencia es manifiesta hoy día, juzgamos oportuno volver a examinar el cuerpo completo de la conexión, si es que la hubiere, entre los instrumentos musicales y la cristiandad bíblica. Precisamos de la gracia para llevarla a cabo, no con espíritu de controversia, sino más bien mediante una búsqueda seria y cabal de la Palabra, para conocer la mente del Señor en este asunto. La Palabra de Dios es siempre el último tribunal de apelación en todo lo que concierne al orden de su casa. Que así examinemos esta cuestión, con corazones prestos a aprender, y busquemos solamente su propósito tal como Él se ha complacido en revelárnoslo.
«¡A la ley y al testimonio! Si no dijeren conforme a esto, es porque no les ha amanecido»
(Is 8:20).
SOBRE EL BAUTISMO (J.C. Bauer)
—Somos conscientes de la controversia existente entre los hijos de Dios acerca de la cuestión del bautismo, y es por ello que los escritos acerca del tema que nos ocupa han quedado en buena parte retenidos o no editados, por largos años por sus autores, con el fin de evitar disputas amargas.
A medida que han ido pasando los años, el retener estos escritos o velar estas enseñanzas por amor de los hermanos, lo único que ha conseguido es que muchos han olvidado una parte esencial de la Verdad de la Escritura optando por la indiferencia, y sufriendo así todos una pérdida de bendición.
Sabemos, además, que hay un gran vacío de enseñanza en cuanto al bautismo, propiciado por esa indiferencia y sostenido por la decadencia y superficialidad doctrinal que caracteriza nuestros días.
Es la visión de esa decadencia de la enseñanza cristiana, el amor a los hermanos y a la Palabra de Dios, que nos impelen a presentar este escrito, pero por encima de todo el amor de nuestro Maestro, a quien esperamos de los cielos.
Se hace necesario también citar a J. L. Willis, S. M. Angel y C. Hodge, todos ellos ya con nuestro bendito Señor. Sus escritos han sido la base de este estudio, e incluso la estructura central del mismo está compuesta de sus mismos escritos.
Estas humildes páginas contienen lo que creo es la Verdad de Dios. Quiero presentarlo a la conciencia de los santos y a las almas que aman la Palabra de Dios y desean conocerla en profundidad.
LAS DOS NATURALEZAS EN EL CREYENTE (G. Hayhoe)
—En el creyente cohabitan dos naturalezas: la vieja o caida y la nueva o espiritual. La vieja pecaminosa se deleita satisfaciendo al YO, la nueva sólo quiere agradar a Dios.
Este breve escrito ha sido redactado con el deseo de ayudar a almas ansiosas, porque el Señor quisiera que conociéramos nuestra plena salvación y nos gozáramos en ella.
En Romanos 8:23 se nos dice que debemos esperar para la redención de nuestros cuerpos, lo que tendrá lugar a la venida del Señor, pero podemos regocijarnos en el conocimiento presente de que Dios ha quitado nuestros pecados mediante la preciosa sangre de Cristo, y también en lo que ha hecho acerca de la naturaleza caída en nosotros (llamada «el viejo hombre»).
Cuanto más desea uno complacer al Señor, tanto más intenso será el conflicto interior, hasta que nosotros, como el Israel de antaño, «estemos
quedos, y veamos la salvación del Señor». Cada bendición espiritual es un don, no conseguida por nuestros propios esfuerzos. Es el conocimiento de Su amor y de lo que Él ha hecho por nosotros lo que nos constriñe a vivir para Él.
«El Espíritu mismo da testimonio a nuestro espíritu, de que somos hijos de Dios»
ARREBATADOS POR EL ESPOSO, VUELVEN CON EL REY (G. Cutting)
—Estamos seguros de que existe, entre los que son del Señor, una creciente convicción —basada en la Palabra de Dios— de que Cristo volverá pronto para arrebatar a su amada Esposa (o sea, a todas las almas redimidas por Su preciosa sangre), y llevarla a la «casa del Padre», donde muchas moradas hay.
Lector, este asunto —de gran solemnidad por lo que implica— ¿es una viva realidad para ti? Si no es así, quiera el Espíritu Santo valerse de estas breves páginas para despertar tu alma, para sacudir tu indiferencia o tu sopor espiritual, no sea que viniendo el Señor de repente, ¡«os halle durmiendo»! (Marcos 13:36).
SOBRE LA AUTOESTIMA:
LA AUTOESTIMA (W.J. Prost)
y un apéndice
EL CONCEPTO DE AUTOESTIMA Y LAS ESCRITURAS (D. Hunt)
—La cuestión de la «autoestima» es un tema de gran actualidad en el mundo en nuestros días, especialmente en América del Norte y en Occidente en general. Hace menos de veinte años, este tema apenas si se mencionaba. Ahora se nos bombardea con esté término por todas partes, e incluso se da a niños muy pequeños cursos de autoestima en las escuelas. Se supone que la carencia de la misma es la razón subyacente a casi cada mal humano, y se supone que la restauración de la autoestima es la curación para casi cada falta.
Ideas similares a estas están siendo impulsadas por líderes cristianos que arguyen que la meta primaria del evangelio ha de ser suplir «la más profunda necesidad de cada persona –su hambre de autoestima, de propia valía, y de dignidad personal». Pero muchos otros están igualmente convencidos de que la verdadera hambre del hombre es de Dios, y que lo que está en juego es la gloria de Dios, y no la dignidad y la propia valía del hombre.
Hay ciertamente un deseo legítimo que Dios ha puesto dentro de todas las personas para encontrar propósito y significado de su existencia. El error del humanismo y de la psicología estriba en buscar en el yo aquello que sólo Dios puede proveer.
«Conozco, oh Jehová,» dijo Jeremías, «que el hombre no es señor de su camino, ni del hombre que camina es el ordenar sus pasos» (Jeremías 10:23).
EL CRISTIANO Y EL MUNDO (J.N. Darby)
—No podemos evitar el contacto con el orden de cosas del mundo, pero aquel contacto no debe transformarse nunca en comunión: Porque, «¿Qué concordia Cristo con Belial?» (2 Co 6:15). Y también: «No ruego que los quites del mundo, sino que los guardes del mal» (Jn 17:15). Jesús, que no era de este mundo, padeció en él, y vivió como extranjero: el aislamiento y la tribulación fueron para Él cosas vividas y sentidas, y será lo mismo para nosotros en la medida en la cual seguiremos fielmente sus pasos. ¿No es triste ver, hermanos y hermanas, que entre nosotros haya algunos que busquen su satisfacción y bienestar en el impío sistema del mundo, encontrándose en él como en casa propia? ¿Tendríamos casa propia en esta tierra donde Cristo no está? No olvidemos de que somos viajeros sin domicilio, peregrinos fatigados y verdaderos extranjeros, si en verdad somos de Cristo.
SU ALABANZA SERÁ SIEMPRE EN MI BOCA (J.N. Darby)
—Si en verdad tenemos el gozo de Cristo, podremos decir como Pablo: «Todo lo soporto por amor de los escogidos» (2 Ti 2:10), porque estamos en espíritu con Él, y Él con nosotros en todo; y Él sí lo sufrió todo por «el gozo puesto delante de Él» (He 12:2); sufrió aun «Hasta la muerte, y muerte de cruz» (Fil 2:8).
No es simplemente la animación emotiva de un corazón que ignora el poder del mal o la oposición de Satanás. En muchos, hay gran cantidad de este gozo que es superficial, ignorando la esencia de las cosas. La verdadera potencia es cuando uno, que se da cuenta bien de la profundidad del mal y de la oposición de Satanás, al mismo tiempo conoce y confía en la potencia del Señor, la cual vence todo mal y obstáculo.
«Regocijaos en el Señor siempre. Otra vez os digo: ¡Regocijaos!» (Fil 4:4)
UNA ENCUESTA SOBRE LA ASAMBLEA (C.H. Brown)
—Un sencillo pero importante estudio sobre el Cuerpo de Cristo, en forma de 251 preguntas y sus respuestas como la siguiente:
107.
¿Con qué estaban identificados los creyentes que participaban de la Cena
del señor?
Los creyentes que participaban de la Cena del señor estaban
identificados con la Mesa del Señor y con todo lo que esa Mesa representaba.
Tenían comunión con el Señor Jesús en Su muerte por ellos, y con cada otro
creyente en el un Cuerpo, a menos que hubiera un impedimento escritural (1 Co
10:16, 17).